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Graciela Iturbide

24 de febrero de 2013 - 27 de mayo de 2013
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Graciela Iturbide

En 1969 Graciela Iturbide ingresó en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Uno de sus maestros fue el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo, gracias a él encontró la evidencia de su vocación en la fotografía en blanco y negro. Como estímulo y reconocimiento a sus trabajos iniciales, Manuel Álvarez Bravo la invitó a ser su asistente personal. Maestro y discípula predilecta. Encuentro y elección mutua en que se comparte una íntima forma de la simpatía, comunión intelectual y sensible, que entre artistas, es la más antigua forma del aprendizaje, vía de transmisión de una herencia artística. ¿Qué fue esta herencia para Graciela Iturbide sino la transmisión de la tradición de la fotografía moderna? Las cualidades de las miradas de Álvarez Bravo son de las más lúcidas y refinadas de la fotografía en blanco y negro del siglo XX.

La herencia de esta tradición ha sido continuada en el trabajo siempre personal, renovador y, por tanto, original de Graciela Iturbide hasta alcanzar hoy su destacado lugar en la fotografía contemporánea en blanco y negro. De 1971 a la fecha, la obra de Graciela Iturbide se ha exhibido en más de noventa muestras individuales y numerosas exposiciones colectivas en museos, galerías e instituciones especializadas en la fotografía moderna y contemporánea en América, Europa y Asia. Su obra ha sido publicada y reproducida en diversos países, en libros monográficos y de género, catálogos y revistas. Son abundantes los premios, becas, comisiones de trabajo con los que su obra ha sido distinguida y reconocida. Abundantes textos críticos y literarios, así como poemas han sido dedicados a su obra. 

En el año 2008 la obra fotográfica de Graciela Iturbide fue distinguida con el más alto reconocimiento en el mundo de la fotografía moderna y contemporánea, el Premio de la Fundación Hasselblad. El acta del premio dice: “Graciela Iturbide es considerada una de las más importantes e influyentes fotógrafas latinoamericanas de las últimas cuatro décadas. Su fotografía es de la más alta fuerza visual y belleza. Graciela Iturbide ha desarrollado un estilo fotográfico basado en su fuerte interés por la cultura, el ritual y la vida diaria de su México nativo y de otros países. Iturbide ha ampliado el concepto de la fotografía documental, para explorar las relaciones entre el hombre y la naturaleza, el individuo y lo cultural, lo real y lo psicológico. Ella continúa inspirando a una joven generación de fotógrafos en Latinoamérica y más allá”. Este acontecimiento fue uno de los motivos para que el Museo Amparo se propusiera presentar esta exposición, como celebración y reconocimiento al trabajo de la artista. La intención curatorial de esta exposición fue la revisión de la obra de los últimos quince años. La abundancia y riqueza de los archivos ofrecen trabajos que son poco difundidos, a pesar de las exposiciones y publicaciones recientes, y abundantes inéditos, de alta calidad artística. En compañía siempre de la artista, su inspección y revisión se prolongó por varios meses.

En la fotografía moderna y contemporánea, el viaje, la incursión en lo “otro”, ha sido una forma privilegiada del “encuentro” para muchos fotógrafos: un nomadismo. La obra de Graciela Iturbide ha implicado itinerarios transcontinentales: América, Europa, África y Asia.   Durante los años recientes mi proximidad a ella y a su trabajo me inclinó a intuir paulatinamente un cambio en su sensibilidad con la que parecía dejar de frecuentar ciertos “objetivos” de su mirada. La presencia del cuerpo humano tantas veces confrontado como centro y focalización de sus imágenes, parecía desvanecerse o llegar sólo a estar presente, paradójicamente, en formas de la ocultación. Parecía tratarse de una agudizada sensibilidad que hacía parecer imágenes más complejas, reflexivas, irónicas y contradictorias. Los meses de trabajo hicieron posible aproximarnos mutuamente a una nueva valoración de su refinada poética visual. Poesía visual compleja, plena de analogías, paradojas e ironías en la que la identidad misma de las cosas parece ponerse en juego, es sorprendida en un “equilibrio inestable”, en un instante de tránsito entre su ocultamiento y su evidencia. La fotografía para Graciela Iturbide ha sido siempre una forma profunda del conocimiento: el instante de la revelación. En la visión tonal, acromática, de la fotografía en blanco y negro, la poesía visual de la artista alcanza refinamientos de alta significación: la tonalidad como forma enfática de “ver”: poética de la luz y la sombra. Por ello, en la impresión de las fotografías en formatos de 16 x 20 pulgadas y de 20 x 24 pulgadas estuvo siempre presente un alto rigor y exigencia.

La selección de exposición se estructuró en la incursión compartida en sus archivos, su prolongado estudio y revisión que nos permitieron una aproximación al trabajo profundamente autocrítica para la artista, y crítica en mi caso, que dio por resultado un conjunto de muy amplia diversidad, novedad y excepcional sensibilidad visual. Finalmente, esta exposición nos invita a compartir los viajes visionarios de una gran fotógrafa, Graciela Iturbide: imágenes que sólo se revelan a la más alta forma del “ver”: la categoría de lo poético.  


Miguel Cervantes l Curador

Graciela Iturbide l Artista

Selección de obra

Vista de salas