Pendientes con forma de mariposas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Cultura Tradición Mezcala
Región Cuenca media del Balsas
Período Preclásico tardío-Clásico tardío
Año 500 a.C.-900 d.C.
Técnica

Piedra verde desgastada y pulida

Piezas por lote 5
Medidas

5.2 x 5.2 x 0.4 cm | 6 x 6.7 x 0.7 cm | 4 x 5.1 x 0.5 cm | 5.2 x 5.7 x 0.5 cm | 4.3 x 5.2 x 0.4 cm

Ubicación Sala 4. Sociedad y costumbres
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1570
Investigador

Descripción

El arte lapidaria tuvo una enorme importancia en Mesoamérica. Esto se debió al menos a dos factores: por una parte, las joyas y adornos eran importantísimos como emblemas de poder. En sociedades en las que prácticamente no existe el dinero, los objetos personales de valor son la señal más clara de estatus; tanto más si estos objetos se llevan en la cara, en el cuello y la cabeza. Representan a la persona, expresan su jerarquía.  Por otra parte, la orfebrería no empezó a desarrollarse en esta región de América hasta el Clásico tardío, y plenamente en el Posclásico; de manera que las joyas metálicas llegaron tarde, cuando habían transcurrido siglos de desarrollo de los ornamentos de lapidaria.  Estos ornamentos podían ser de jade, que era la piedra más valorada, y también de otros minerales como cuarzo, obsidiana y una variedad de piedras de colores, verdes, azules, rosas, especialmente abundantes en la cuenca del Balsas. La turquesa también fue muy apreciada, casi tanto como el jade; en general se trabajó con la técnica del mosaico y se aplicó sobre madera y oro, especialmente en los últimos siglos de la historia mesoamericana.

La abundancia de piedras de diferentes colores, a las que suele llamarse “semipreciosas”, en la cuenca del Balsas fue aprovechada por los grupos de la región para desarrollar una especialidad en lapidaria que llegó a caracterizarles hasta el punto de que sus piezas eran apreciadas como bienes de tributación y comercio, y fueron imitadas en otras zonas.

La llamada Tradición Mezcala es la expresión cultural más característica de la cuenca media del Balsas, y se trata de una tradición que se distingue y describe casi exclusivamente por sus obras de lapidaria. En esta colección hay magníficas expresiones: es posible que el repertorio bajo custodia del Museo Amparo sea el más extenso y variado del mundo en cuanto se refiere a la Tradición Mezcala.

Buena parte de las piezas Mezcala conocidas corresponden con ajuares funerarios: máscaras, personajes y animales acompañantes, algunas urnas, algunos cetros, y desde luego las joyas que portaban los difuntos cuyos cuerpos se enterraron en aquellas tumbas. Entre dichas joyas destacan los collares con piedras talladas. Éstas, con forma de mariposa, se encuentran entre las más ricas. Es particularmente llamativo el proceso de abstracción para aludir claramente a la mariposa y mantener al mismo tiempo un esquematismo simple.

Las mariposas aparecen asociadas al menos a dos campos semánticos en la iconografía mesoamericana: el del agua, la fertilidad, los ríos; y el de las almas de los difuntos, especialmente de los guerreros.

El arte lapidaria tuvo una enorme importancia en Mesoamérica. Esto se debió al menos a dos factores: por una parte, las joyas y adornos eran importantísimos como emblemas de poder. En sociedades en las que prácticamente no existe el dinero, los objetos personales de valor son la señal más clara de estatus; tanto más si estos objetos se llevan en la cara, en el cuello y la cabeza. Representan a la persona, expresan su jerarquía.  Por otra parte, la orfebrería no empezó a desarrollarse en esta región de América hasta el Clásico tardío, y plenamente en el Posclásico; de manera que las joyas metálicas llegaron tarde, cuando habían transcurrido siglos de desarrollo de los ornamentos de lapidaria.  Estos ornamentos podían ser de jade, que era la piedra más valorada, y también de otros minerales como cuarzo, obsidiana y una variedad de piedras de colores, verdes, azules, rosas, especialmente abundantes en la cuenca del Balsas. La turquesa también fue muy apreciada, casi tanto como el jade; en general se trabajó con la técnica del mosaico y se aplicó sobre madera y oro, especialmente en los últimos siglos de la historia mesoamericana.

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