El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Olla globular con asa, vertedera y efigie | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Olla globular con asa, vertedera y efigie

Cultura Huasteca
Región Huasteca
Período Posclásico temprano
Año 900-1200 d.C.
Técnica

Barro (pasta fina) modelado, con decoración pintada en dos tonos de rojo

Medidas 15.2   x 19  x 17.4  cm
Ubicación Sala 3. Cuerpos, rostros, personas
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1480
Investigador

Típicas de la Huasteca son esta clase de ollas que suelen presentar cuerpo semiesférico y vertedera, además de efigies que dependiendo del lugar de su manufactura representan rostros humanos o cabezas de animales. Más allá de sus evidentes diferencias, del uso de más de un color en su decoración y no sólo de la acostumbrada pintura negra, responden a producciones orientadas a satisfacer idénticos requerimientos sociales, provista de los mismos materiales y hasta de iguales posibilidades técnicas. Lo que las distingue en el fondo son las convenciones plásticas y el estilo artístico que es al final el que habrá de otorgarles plena individualidad en términos de regiones alfareras.

En la colección prehispánica del Museo Amparo se encuentran dos piezas elaboradas con una pasta rica en arcillas caoliníticas y acabado particularmente pulido. En términos generales, no son distintas a las pintadas con motivos negros sobre el color natural del barro, pero evidentemente no fueron producidas en la región del río Tuxpan o en la montaña de Hidalgo, como es el caso de las últimas. Se trata de piezas que probablemente se fabricaron mucho más al norte en la Huasteca, probablemente en territorios de San Luis Potosí a partir del Clásico tardío pero no antes del año 800 de nuestra era.

Como es lo usual, vuelven a ser ollas sólo que el vertedero surge de la propia asa sólo que ahora se encuentra sujeta al cuello y no en el borde como es lo usual en las de tipo “estribo”. La efigie acostumbrada de un rostro humano ahora se aloja en el cuello y no en el cuerpo de la vasija, donde surgen en cambio las efigies de dos cabezas de pájaro, una adelante y otra atrás, que a los lados se completan con aplicaciones de barro que sugieren la forma de las alas. Los picos y las mismas “alas” se encuentran pintadas de color rojo como también la orilla de los labios y dos círculos que adornan las mejillas del rostro; los elementos decorativos pintados en color negro son prácticamente los mismos.

Sin embargo, las proporciones de las distintas partes de la olla han cambiado, el cuello es mucho más largo que en los ejemplos del río Tuxpan y la calidad del artesanado en lo que hace al modelado de la pieza no alcanza la perfección que es común en las primeras. Es interesante observar que el gusto decorativo de tiempos prehispánicos ha subsistido de alguna forma hasta nuestros días. En la región de Huejutla, originalmente bajo el control de grupos huastecos, continúan elaborándose ollas (ollúles) pintadas aunque los colores blanco y negro ahora se aplican formando complicados motivos vegetales sobre el barro rojizo propio de la región. Ciertamente no son iguales a las fabricadas en el pasado pero hay algo en ellas que viene del pasado y que todavía se mantiene vivo atrincherado por generaciones en el quehacer de los alfareros del pueblo de Chilililco (Hidalgo).  

Típicas de la Huasteca son esta clase de ollas que suelen presentar cuerpo semiesférico y vertedera, además de efigies que dependiendo del lugar de su manufactura representan rostros humanos o cabezas de animales. Más allá de sus evidentes diferencias, del uso de más de un color en su decoración y no sólo de la acostumbrada pintura negra, responden a producciones orientadas a satisfacer idénticos requerimientos sociales, provista de los mismos materiales y hasta de iguales posibilidades técnicas. Lo que las distingue en el fondo son las convenciones plásticas y el estilo artístico que es al final el que habrá de otorgarles plena individualidad en términos de regiones alfareras.

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