Recipiente con forma de sapo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Recipiente con forma de sapo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Recipiente con forma de sapo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Recipiente con forma de sapo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Recipiente con forma de sapo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Recipiente con forma de sapo | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Maya
Región Región del Petén
Período Clásico temprano
Año 200-600 d.C.
Técnica

Barro modelado, con pastillaje y engobe

Medidas 10.7   x 10.2  x 6.9  cm
Ubicación Sala 2. El mundo religioso
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1401
Investigador

Descripción

El recipiente reproduce a un batracio que carga en su espalda con un mecapal a un personaje masculino. La vasija es semiglobular como la forma del cuerpo de un anfibio erguido, y de pequeño tamaño (10 cm de altura), además tiene unas perforaciones en las ancas delanteras. También, en la parte superior tiene un pequeño orificio que posiblemente permitió en un tiempo pasado guardar algún tipo de líquido o sustancia. Todos estos indicios sugieren que pudo perfectamente ser un recipiente para ser colgado del cuello y ser transportado con facilidad.

El engobe rojo anaranjado del recipiente fue muy empleado a principios del Clásico temprano, incluso en épocas anteriores, sin embargo la pieza es singular pues no son muchos los objetos como éste que se han recuperado, más bien en esa época la tendencia era diseñar vasijas trípodes de silueta compuesta y tapa con personaje, siempre con barrocos diseños de seres alados incisos tanto en el cuerpo como en la tapa. El asa de las tapas a veces tomaba forma de tortuga, garza, o incluso de algún dios, principalmente dioses ancianos, como Itzamnaaj o el dios L, entre otros.   [1]

Nada de esto parece coincidir con la pieza aquí analizada, sin embargo, el asa de tapa de una de estas vasijas comentadas es un pecarí cargando en la espalda con el dios Itzamnaaj, secuencia de un mito que se representará en varias ocasiones durante el Clásico tardío (600-900 d.C.) Por tanto, el sapo cargador, aunque se sale del patrón de vasija trípode con tapa, por su color y por su temática bien pudo ser realizada en este mismo momento del Clásico muy temprano.

La redondez del animal se acerca más a la apariencia de un sapo que a la de una rana. Las ranas tenían una estrecha relación con la llegada de las lluvias lo que podría hacernos pensar que el alfarero quiso reproducirla aquí, pero también los sapos fueron ampliamente representados en narrativas mitológicas de gran complejidad durante el Clásico tardío (600-900 d.C.). Incluso se realizaron silbatos con forma de sapo; se esculpieron en piedra en ciudades mayas como Copán (Honduras) o Uxmal (Yucatán); y Justin Kerr en su catálogo de vasijas mayas recoge más de 33 cerámicas que incorporan sapos. La importancia de estos batracios en la cultura maya es muy estimable hasta el punto que es una rana el signo del winal, mes de 20 días del calendario de 365 días.

En esta pieza un corpulento sapo carga en su espalda a un personaje. Le acarrea como se transportaba a los nobles de la época, con mecapal y en la espalda, así se aprecia en algunas vasijas del Clásico tardío. El personaje va sujeto por la cintura y mirando hacia el exterior, con los brazos en alto y recostado sobre el lomo del sapo. Las piernas recogidas para no arrastrarlas. El cuerpo del señor está pintado en negro, y las manos y el rostro se diferencian por ir coloreadas de rojo. El cabello se marcó con grandes franjas negras como si de mechones se tratase. Los ojos huecos del personaje pueden sugerir que está muerto pero la posición de brazos y piernas descartan esta idea.

Al ejercer de cargador, el sapo tiene una actitud un tanto humana, por eso sus extremidades delanteras se humanizan; son brazos que con sus manos agarran fuerte la soga del mecapal que le pasa bajo el cuello. Lo habitual es cargar el mecapal en la frente pero el sapo no tiene suficientemente elevada la bóveda craneana, por eso lo acomoda en el buche. El alfarero puso su punto de atención en el rostro erguido y aparentemente sonriente del sapo. Sobre esa gran boca semicircular los dos grandes ojos globulares miran al espectador, y éste fija su atención en las manos humanas del anfibio.

La representación de personas, en especial de ancianos, cargados por animales fue relativamente habitual en la cultura maya antigua. Entre los animales cargadores se encuentran el pecarí, la zarigüeya y el venado. Los sapos por lo general se encuentran entre aquellos anfibios que ejercen de soportes del mundo, que su cuerpo es la superficie terrestre o bien que de su interior surgen personajes míticos o ancestros. Son por tanto, seres que permiten la conexión con el inframundo, o el mundo de lo sagrado.

En la vasija se observa una escena donde participan como wahyis, el dios Chaahk y otros animales mitológicos. Los maestros pintores de las vasijas estilo códice reprodujeron una serie de mitos donde participaban una gran variedad de espíritus familiares o wahyis, entre ellos sapos, generalmente con capacidad de generar grandes males. Pero los batracios en general, anfibios y grandes reptiles, en la cultura maya también simbolizan la tierra, su superficie y su interior.

 

OBSERVACIONES: Fractura en la boca del anfibio y en la base de la parte delantera.

 

BIBLIOGRAFIA:

Kerr, Justin, http://research.famsi.org/kerrportfolio.html

Fields, Virginia y Reents-Budet, Dorie. Los mayas. Señores de la creación. Los orígenes de la realeza sagrada. México, CONACULTA- INAH. Editorial Nerea, 2005.

[1]  Fields, Virginia y Dorie Reents-Budet elaboraron el catálogo en colaboración con otros autores. Los mayas. Señores de la creación. Los orígenes de la realeza sagrada, donde se pueden ver este tipo de piezas.

El recipiente reproduce a un batracio que carga en su espalda con un mecapal a un personaje masculino. La vasija es semiglobular como la forma del cuerpo de un anfibio erguido, y de pequeño tamaño (10 cm de altura), además tiene unas perforaciones en las ancas delanteras. También, en la parte superior tiene un pequeño orificio que posiblemente permitió en un tiempo pasado guardar algún tipo de líquido o sustancia. Todos estos indicios sugieren que pudo perfectamente ser un recipiente para ser colgado del cuello y ser transportado con facilidad.

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