Escultura de barro de un dios zapoteco con elementos de lluvia | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Escultura de barro de un dios zapoteco con elementos de lluvia | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Escultura de barro de un dios zapoteco con elementos de lluvia

Cultura Zapoteca
Región Valle de Oaxaca
Período Clásico temprano
Año 200-600 d.C.
Técnica

Barro modelado, con muy rica decoración al pastillaje

Medidas 121.3   x 57  x 44.3  cm
Ubicación Sala 2. El mundo religioso
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1285
Investigador

Descripción

Llamamos urnas a estas imágenes huecas de cerámica encontradas en los entierros zapotecos, sin embargo, es importante precisar que no se trata de recipientes en los cuales se hayan depositado cenizas u otro tipo de restos o reliquias de los difuntos. En general, los zapotecos practicaban el entierro directo, no incineraban a sus muertos; colocaban el cuerpo en decúbito dorsal (es decir, acostados boca arriba dentro de una pequeña cripta cubierta y cerrada con losas de piedra). Alrededor del cuerpo se colocaban varias de estas figuras, a manera de acompañantes del difunto; cada enterramiento solía tener varias urnas, a menudo había una principal, de mayor tamaño, y otras más pequeñas.

Las figuras que se han encontrado en las tumbas zapotecas representan a dioses o a seres humanos vestidos como dioses y por lo tanto imbuidos de algunos de sus poderes y cualidades. Entre los dioses que se representan con mayor frecuencia, se encuentran Pitao Cocijo, dios del trueno; Pitao Cozobi, dios del maíz; así como el dios Murciélago y la diosa Siete Serpiente. Los zapotecos, del mismo modo que los mixtecos, trataban a sus caciques y sacerdotes muertos como si se tratara de dioses, los rodeaban de ricas ofrendas y hacían sahumerios de copal y banquetes en su honor periódicamente. Los dioses representados en las figuras de cerámica de las tumbas zapotecas podrían representar a los patronos o protectores de los señores, con quienes éstos se unirían una vez muertos. Cocijo parece haber sido el dios más importante de la religión zapoteca, así como lo fue Dzahui para los mixtecos. Cocijo era dios del trueno y se le consideraba responsable de las lluvias y por lo tanto protector de las sementeras.

En la imagen podemos reconocer la presencia de una gran nariz que se curva, a manera de trompa, y que a su vez podría evocar la nariz del murciélago. En la falda, en las piernas y en la tela que cubre los hombros, podemos observar un símbolo que se repite, un punto del cual cuelgan o escurren dos líneas; al parecer se trata de gotas de lluvia. Dos filas de cascabeles adornan su cintura; sus orejeras y su collar son ricos y voluminosos, como lo es también su tocado, con algunas plumas verticales y otras que emergen en la parte trasera y se dirigen a ambos lados en dirección casi perpendicular; estas últimas parecen corresponder con plumas de quetzal.

Se ha pensado que el dios representado en esta urna es Cocijo, el dios del trueno. A favor de esta identificación estaría la presencia de las gotas de lluvia en varias partes de su cuerpo; además, en el objeto que lleva en las manos puede identificarse una forma similar al glifo “C”, línea ondulante que crea una cavidad; este objeto podría tratarse de un brasero, en cuyo caso las lenguas onduladas que caen a los lados serían flamas o humo, pero también podría tratarse de un recipiente con líquido que se derrama. Los cascabeles suelen aparecer en imágenes de Cocijo, pero también de otros dioses.

En cuanto al rostro, carece de los aros alrededor de los ojos, de los colmillos y la lengua bífida de las representaciones de Cocijo; la nariz, curvada como una trompa, es semejante a la que vemos en algunos Cocijos, y en cualquier caso es un elemento asociado al murciélago.

Llamamos urnas a estas imágenes huecas de cerámica encontradas en los entierros zapotecos, sin embargo, es importante precisar que no se trata de recipientes en los cuales se hayan depositado cenizas u otro tipo de restos o reliquias de los difuntos. En general, los zapotecos practicaban el entierro directo, no incineraban a sus muertos; colocaban el cuerpo en decúbito dorsal (es decir, acostados boca arriba dentro de una pequeña cripta cubierta y cerrada con losas de piedra). Alrededor del cuerpo se colocaban varias de estas figuras, a manera de acompañantes del difunto; cada enterramiento solía tener varias urnas, a menudo había una principal, de mayor tamaño, y otras más pequeñas.

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