"Hacha", escultura votiva de un perro sentado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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"Hacha", escultura votiva de un perro sentado

Cultura Cultura de El Tajín
Región Veracruz
Período Clásico tardío
Año 600-900 d.C.
Técnica

Piedra volcánica esculpida

Medidas 32.8   x 10.8  x 24  cm
Ubicación Sala 4. Sociedad y costumbres
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1265
Investigador

Descripción

Por diversos que sean los materiales que sirvieron para su fabricación, por desdibujada que ahora pueda parecernos la versión del estilo artístico que incorporan o por ajenos que hubieran sido a la iconografía de El Tajín, lo que realmente es importante de esta extendida producción de hachas, yugos y palmas es el idéntico valor ritual que se les confería de antiguo. Es decir, su asociación con la conducta ritual de las élites de varios rumbos de Mesoamérica.

Su demanda como productos exóticos y la necesidad de reproducirlos localmente, no hace otra cosa que señalar el carácter unitario que tenían los cultos de Mesoamérica en ese entonces. Tanto en la costa del Golfo de México como en el área maya, sin importar que se trate de la Península de Yucatán, de las selvas del Petén o de la costa del Pacífico guatemalteco, se trata de pequeñas esculturas que advierten sobre su inequívoca relación con el juego ritual de la pelota y con los sacrificios de sangre.

Pese a su antigüedad sólo se convirtieron en piezas de comercio hasta el período Clásico y es probable que alcanzaran los territorios más alejados en el Epiclásico. Por otra parte, si revisamos los ejemplos involucrados en el comercio a larga distancia, descubriremos que no todos fueron labrados en territorios de El Tajín. Hay un importante número de hachas que corresponden a productos del centro de Veracruz y no son raras las esculpidas en áreas distantes con materia prima local y con decoraciones que deben muy poco o prácticamente nada a la iconografía de El Tajín.

Es el caso de esta espléndida pieza de la colección prehispánica del Museo Amparo, un pequeño cánido que carga una suerte de losa sobre el lomo. Labrado en roca volcánica, aparece sentado con las patas entreabiertas y provisto de un voluminoso abdomen sobre el cual descansan las patas delanteras. Las extremidades son casi humanas, los codos apoyados sobre las rodillas y las manos apretadas, casi entrelazadas a la altura del hocico. La parte superior del objeto se encuentra lamentablemente rota y sobre la cabeza de grandes ojos no queda mayor evidencia de las orejas que antiguamente completaban la figura.

Es interesante notar que esta especie de losa que lleva a cuestas, aunque quebrada y por ello difícil de reconocer, forma con la base un corte en ángulo idéntico al que puede observarse en las hachas procedentes de la región de El Tajín. Su inclinación coincide con la forma de estas esculturas típicas del litoral norte de Veracruz. Todas ellas profusamente decoradas con entrelaces y que en nuestra pieza apenas quedan atestiguados por una serie de ganchos dispuestos a cada lado de la base.

No cabe duda de que se trata de una escultura labrada en tierras distantes de El Tajín. Quizá proviene del centro de Veracruz si es que tomamos en cuenta las características del proceso de integración de la colección prehispánica del Museo Amparo. De cualquier forma, la escultura de este pequeño cánido es excepcional en el conjunto de yugos, hachas y palmas al que pertenece por su gran dinamismo, algo que por definición parece negado a las esculturas más conservadoras o más cercanas a sus prototipos.

Por diversos que sean los materiales que sirvieron para su fabricación, por desdibujada que ahora pueda parecernos la versión del estilo artístico que incorporan o por ajenos que hubieran sido a la iconografía de El Tajín, lo que realmente es importante de esta extendida producción de hachas, yugos y palmas es el idéntico valor ritual que se les confería de antiguo. Es decir, su asociación con la conducta ritual de las élites de varios rumbos de Mesoamérica.

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