Cabeza, fragmento de escultura antropomorfa de barro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cabeza, fragmento de escultura antropomorfa de barro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cabeza, fragmento de escultura antropomorfa de barro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cabeza, fragmento de escultura antropomorfa de barro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cabeza, fragmento de escultura antropomorfa de barro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Cabeza, fragmento de escultura antropomorfa de barro

Cultura Remojadas
Región Centro de Veracruz
Período Clásico
Año 200-900 d.C.
Técnica

Barro modelado

Medidas 15.9   x 11.6  x 10  cm
Ubicación Sala 3. Cuerpos, rostros, personas
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1212
Investigador

Descripción

El arte mesoamericano no conoció límites materiales o conceptuales que no pudiera superar. No había, por ejemplo, ninguna condición histórica que impidiera a los artistas concebir diseños abstractos, así como no había ningún impedimento para imitar formas de la naturaleza y en especial de la figura humana. Esta pieza, que forma un conjunto con las piezas 1211 y 1213 de la misma colección, es una de las demostraciones más elocuentes del desarrollo de la vertiente naturalista del arte mesoamericano.

La figura humana naturalista, en piedra, tiene una enorme fuerza; pensemos en el caso de las cabezas olmecas. Pero la figura y en especial, el rostro humano naturalista, en barro, además, se humaniza. El color entre café y naranja de muchas obras de cerámica de la tradición Remojadas, su superficie ligeramente áspera, y su aspecto blando, como de piezas que no han sido cocidas a muy alta temperatura, son rasgos que dotan a los rostros de una vitalidad sorprendente.

Salta a la vista que no hay una imagen igual a la otra; la fisonomía de cada una es distinta. Rasgos como la forma de la cabeza, la disposición y grosor de los labios, la forma de los pómulos, la expresión de la boca, cambian notablemente de una figura a otra. Todo ello nos hace pensar que estamos ante retratos. En los tres casos se puede apreciar que la cabeza se ha desprendido de un cuerpo. Es posible que el hallazgo de los cuerpos excesivamente fragmentados haya disuadido a los campesinos que encontraron estas piezas de recolectarlos. Las cabezas, en cambio, se han conservado bastante bien.

Al realismo de la expresión y al tratamiento naturalista de las formas debemos agregar el detalle de la pintura negra para marcar los ojos, que anima todavía más los rostros.

Como ha observado Arturo Pascual, la carencia de piedra en la región veracruzana y la abundancia de buenos depósitos de arcilla potenció el arte de la cerámica sobre otras expresiones artísticas. Ahora bien, a diferencia de otras regiones en las que existió un arte cerámico figurativo muy notable, como el área de las tumbas de tiro, en Veracruz el tratamiento de los rostros es enfáticamente naturalista. Sólo cabría compararlo con el estilo de las esculturas antropomórficas huecas de barro de la etapa olmeca y en especial las que se asocian con el estilo Las Bocas.

Es muy probable que las figuras de las cuales se desprendieron estas cabezas hayan sido retratos de jefes políticos, y que hayan estado originalmente colocadas en sus respectivas tumbas.

El arte mesoamericano no conoció límites materiales o conceptuales que no pudiera superar. No había, por ejemplo, ninguna condición histórica que impidiera a los artistas concebir diseños abstractos, así como no había ningún impedimento para imitar formas de la naturaleza y en especial de la figura humana. Esta pieza, que forma un conjunto con las piezas 1211 y 1213 de la misma colección, es una de las demostraciones más elocuentes del desarrollo de la vertiente naturalista del arte mesoamericano.

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