Mujer cargando a niña con un mecapal | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Mujer cargando a niña con un mecapal | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Mujer cargando a niña con un mecapal | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Mujer cargando a niña con un mecapal

Cultura Queréndaro
Región Queréndaro, Michoacán
Período Preclásico tardío
Año 500 a.C.-200 d.C.
Técnica

Barro modelado con pastillaje e incisiones

Medidas 10.46   x 6.63  x 3.8 
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 825
Investigador

Descripción

La forma de representar a la mujer y lo femenino varió en cada cultura y tuvo importantes cambios a lo largo del tiempo. Uno momento donde vemos una gran versatilidad de representaciones de lo femenino es en el Preclásico, periodo en el cual, aunque existía un consenso en cómo se hacían las figuras, cada sociedad aplicaba estas normas de una manera particular.

            Entre las diversas culturas que se desarrollaron en Occidente, en las figurillas de Queréndaro se representan a mujeres un gran trabajo al pastillaje y, a semejanza de lo que ocurre en el Preclásico, se encuentran asociadas a entierros. Una de las características de estas figuras son los ojos, elaborados por medio de un círculo de barro con una línea incisa horizontal ­–simulando granos de café– o con dos puntos incisos para representar la esclerótica. Asimismo, estas piezas están relacionadas con la fertilidad, por lo que se resaltan los senos, la vagina y la cadera.  

Estas características se encuentran en la pieza 87, donde vemos la representación un pequeño cuerpo con una cabeza enfrente. En un inicio la pieza es desconcertante, ya que parece que la figurilla está cargando una gran cabeza e incluso se podría suponer que estas dos obras formaban parte de objetos diferentes que fueron integrados en el siglo XX para hacer una pieza original. Pero, un análisis más minucioso nos muestra que estamos viendo una pequeña parte de la pieza y en lugar de ser la persona que carga la cabeza la figura principal, esta era un elemento secundario, siendo la cabeza que está en un primer plano la figura principal y, por tanto, un pequeño vestigio de una pieza de mayores dimensiones. Este cambio de perspectiva permite comprender la obra, ya que se trata de una mujer que carga con un mecapal a un infante.

La pieza principal tiene el rostro redondo, pero por las orejeras, el mecapal y un fragmento de vestimenta que sobrevive, el rostro adquiere una forma cuadrangular. La boca se colocó con un círculo al pastillaje con una línea horizontal en el centro, la nariz es redonda y prominente y los ojos se pusieron con un óvalo con dos pequeñas líneas incisas que representan la esclerótica. Arriba de los ojos están dos pequeños óvalos para representar las cejas y un poco más arriba hay una banda con líneas incisas inclinadas que representa el mecapal. A los lados de la cabeza se colocaron dos grandes orejeras tubulares y, por debajo del pendiente del lado derecho, está una pequeña tira que correspondía a la vestimenta de la persona.

El mecapal de la figura principal se proyecta hacia atrás y sostiene un cuerpo humano de menores dimensiones que.  Del pequeño cuerpo solo se alcanza a distinguir unos pies con tres líneas incisas, una banda horizontal con líneas incisas horizontales que representa una tela que le cubre los glúteos y arriba se encuentra la espalda, de la cual salen dos bandas hacia enfrente simulando los brazos. Estas tiras llegan a los lados de la cabeza, donde se colocaron dos líneas incisas horizontales para simular los dedos de las manos.

De los pies y el torso no se puede decir nada en su vista frontal, ya que la cabeza de la figura principal los tapa por completo. Pero, lo que si se encuentra detalladamente es el rostro, el cual repite muchas de las características de la figura principal, El rostro, aunque es redondo se suscribe a una forma cuadrangular. Los ojos y la boca son creados por óvalos colocados al pastillaje. La única diferencia entre unos y otro es que, mientras en los ojos tienen dos líneas horizontales incisas, en la boca solo se encuentra una gran línea horizontal. La nariz es prominente y circular, mientras que las orejeras son dos grandes círculos colocados al pastillaje con cinco incisiones en el lado derecho y siete en el izquierdo. En la parte superior hay una banda semejante a la del mecapal de la figura principal. Esta tiene líneas incisas inclinadas y en los extremos hay un círculo con dos líneas incisas.

Esta pieza se encuentra fracturada a la altura del cuello de la figura principal. Posee rastros de pigmento blanco en las perforaciones de las orejeras y en las incisiones del mecapal. Asimismo, en la vestimenta de la figura principal se alcanza a distinguir un tono blanquecino y una coloración rojo óxido. Asimismo, la pieza del infante está fracturada a la altura del cuello y pegada en fechas recientes.

Es interesante notar que, a pesar de no estar la pieza completa, este vestigio nos muestra los distintos caminos en las cuales se representó la fertilidad, ya que no fue únicamente con figuras de mujeres con anchas caderas, sino que en Chupicaro también se representó el resultado esperado:  la reproducción de la especie y la continuidad del grupo.

La forma de representar a la mujer y lo femenino varió en cada cultura y tuvo importantes cambios a lo largo del tiempo. Uno momento donde vemos una gran versatilidad de representaciones de lo femenino es en el Preclásico, periodo en el cual, aunque existía un consenso en cómo se hacían las figuras, cada sociedad aplicaba estas normas de una manera particular.

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