Figurillas femeninas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figurillas femeninas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figurillas femeninas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figurillas femeninas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figurillas femeninas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figurillas femeninas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Región Valle de México
Período Preclásico medio
Año 1200-500 a.C.
Técnica

Barro modelado con pastillaje e incisiones

Medidas

Tamaño 675-1: 9.23 x 5.22 x 3.19 cm.

Tamaño 675-2: 9.25 x 3.5 x 3 cm.

Tamaño 675-3: 9.75 x 3.55 x 3 cm.

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 675

Descripción

Las figurillas del Preclásico tienen calidades diferentes en su forma y trabajo. Esto se debió a que, a la par del desarrollo de una jerarquía social y una especialización del trabajo, comenzaron a surgir centros regionales que controlaban la producción de objetos y lo que pasaba a sus alrededores. Las regiones de San Lorenzo (Veracruz), Teopantecuanitlan (Guerrero), Monte Alban (Oaxaca) y Tlatilco y Tlapacoya (Centro de México), nos ayudan a distinguir la diferencia de poder que existía y el control que ejercían estos centros a su alrededor. Estos sitios, pese a sus diferencias, nos muestran el nivel técnico que alcanzaban sus obras, así como la destreza de los artistas, basta pensar en las esculturas que se tallaron en Veracruz o las figurillas de las Bocas para entender la especialización y el gran talento que tenían los artistas.

            Pese a ello, en sitios de menor jerarquía se producían imágenes semejantes, pero su trabajo era más sencillo. Así, se compartían características similares donde la curva dominaba la representación, aunque la habilidad no alcanzaba el naturalismo que se tenía en aquellos centros rectores.

Este es el caso de las tres piezas que se encuentran en el número 675 de la Colección del Museo Amparo. Estas piezas poseen una gran cabeza, caderas anchas, vientre abultado, senos representados con dos esferas y las piernas y los brazos se simulan con conos, apenas destacándose los pies y las manos. Todas estas características vinculan a estas figurillas con las piezas del Preclásico.

En la pieza 675-1 dominan las formas curvas. Las piernas se simulan con dos conos, están adelgazadas en su extremo distal y presentan su ancho máximo en distintos lugares. En el caso de la pierna derecha se encuentra más ensanchada a la mitad de la pierna y la izquierda es más ancha donde se une con el cuerpo. En el torso se marca la cintura, tiene el vientre abultado con una perforación en el ombligo y dos mitades de esferas hacen los senos. Los brazos también presentan variaciones entre sí, ya que el brazo izquierdo mantiene el contorno constante del cono, mientras que el derecho se engrosa en su extremo distal; ahí mismo se curvea ligeramente hacia arriba y termina abruptamente. Las secciones del rostro son confusas, puesto que se muestran un poco deformes, como si el barro se hubiera escurrido antes de secarse. Las cejas fueron hechas con tiras horizontales, se remarca el contorno de ojos almendrados y alargados, y se colocó una boca sonriente. A los lados de la cabeza tiene dos orejeras cilíndricas y en la parte superior de la cabeza está una banda con incisiones verticales. Además de la deformidad que se muestra en la pieza, destaca que aún se conserva gran parte del color. Vemos que el cuerpo entero está pintado de rojo, el rostro es ocre con pequeños restos de anaranjado y el tocado es también rojo. En la parte posterior de la pieza también se conserva color, aunque únicamente se pintó el cuerpo de rojo, mientras que la nuca se dejó del color natural del barro.

La pieza 675-2 es muy semejante. Las piernas son formadas con dos conos que se ensanchan en el centro y tienen en su extremo distal una pequeña curvatura hacia afuera. El torso se adelgaza en la cintura y tiene una pequeña perforación para representar el ombligo y se usan dos esferas para representar los senos. Del torso salen dos tiras de barro. La derecha se dobla y se posa entre los pechos, mientras que la izquierda se dirige a la entrepierna. En los extremos de los brazos se aplanó la tira y se colocaron dos incisiones lineales para representar los dedos y, con ello, la mano. El rostro tiene las facciones más marcadas. Una tira horizontal marca las cejas. Los ojos se remarcan con una pequeña banda colocada al pastillaje y un pequeño prisma triangular marca la nariz. La boca, al igual que los ojos, se crea con una pequeña tira y destaca que las orejeras tubulares se colocaron a los lados, distinguiéndose en su vista frontal solo un pequeño rectángulo. La frente en la pieza es muy pequeña, casi inexistente, ya que después de las cejas se colocó una pequeña banda, como si fuera un corte de mohicano. La pieza presenta vestigios de color rojo en el cuerpo, tanto en su vista frontal, como en su vista posterior. 

Por último, la pieza 675-3 es la más sencilla de las tres. Las piernas son cónicas con una evidente forma globular en los muslos. La cintura se adelgaza con un orificio en el centro a manera de ombligo y en la parte superior del pecho se colocaron dos medias esferas para simular los senos y, en medio de estas, se pusieron unos círculos al pastillaje para marcar los pezones. Los brazos son cónicos y pequeños. Salen de la parte superior del pecho y se proyectan hacia los lados de manera horizontal. La cara es circular y se crean sus facciones con pequeñas tiras colocadas al pastillaje. La boca y los ojos tienen una forma almendrada con un pequeño agujero en el centro, el cual sirve en los ojos para representar el iris y en la boca simula los dientes. La nariz es triangular y a los lados se encuentran dos orejeras con una perforación en el centro, lo cual genera una sensación de un rostro cuadrangular. Por último, en la frente hay una banda, simulando un tocado sencillo con una protuberancia en el centro que se realizó con un pellizco en la arcilla. La pieza conserva aún restos de pigmento rojo en el cuerpo y el tocado, amarillo en la cabeza y una nube de cocción de la sección inferior, con lo cual se genera un cromatismo sin igual.

Estas piezas, pese a la simpleza que vemos, trataban de hacer evidente un concepto de fertilidad, el cual era tan importante para los grupos de aquel momento que se resaltaba en la mayoría de las obras que han llegado hasta nuestros días.

Las figurillas del Preclásico tienen calidades diferentes en su forma y trabajo. Esto se debió a que, a la par del desarrollo de una jerarquía social y una especialización del trabajo, comenzaron a surgir centros regionales que controlaban la producción de objetos y lo que pasaba a sus alrededores. Las regiones de San Lorenzo (Veracruz), Teopantecuanitlan (Guerrero), Monte Alban (Oaxaca) y Tlatilco y Tlapacoya (Centro de México), nos ayudan a distinguir la diferencia de poder que existía y el control que ejercían estos centros a su alrededor. Estos sitios, pese a sus diferencias, nos muestran el nivel técnico que alcanzaban sus obras, así como la destreza de los artistas, basta pensar en las esculturas que se tallaron en Veracruz o las figurillas de las Bocas para entender la especialización y el gran talento que tenían los artistas.

Otras piezas de la sala