El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Cabeza de figurilla con ojos remarcados | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Cabeza de figurilla con ojos remarcados

Cultura Maya
Región Tabasco
Período Clásico tardío
Año 600-900 d.C.
Técnica

Cerámica moldeada

Medidas 5.64   x 4.64  x 3.26  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1637
Investigador

Una de las características de las representaciones mayas es su expresividad y su naturalismo. A diferencias de otras tradiciones estilísticas, como la teotihuacana o la de la Mixteca-Puebla, donde se procura tener un rostro prototípico y un cuerpo que simplifique y abstraiga la realidad, la plástica maya pone atención a los detalles, las líneas curvas crean el cuerpo y los rostros presenta, a pesar de la simplificación, una mayor atención a los detalles de las facciones.

Esto se muestra en las piezas 1636 y 1637 de la Colección del Museo Amparo. Ellas presentan característica que, aunque únicamente se conserva la cabeza, se aprecia una clara intención de marcar la expresividad del rostro.

            La pieza 1636 es una cabeza sólida de una figurilla que se encuentra fracturada en la zona inferior, donde se unía al cuerpo y también en la sección superior donde iba el tocado o el cabello. La cabeza tiene los ojos marcados de una manera convexa y, arriba y abajo, se marcan los parpados con una pequeña saliente. Esta misma solución se emplea en la zona de las cejas, donde se distingue una pequeña banda prominente. La nariz, aunque debió de ser grande, se encuentra erosionada en la punta. Debajo de ella se encuentra una boca entreabierta, con los labios resaltados y el arco de cupido remarcada. Del lado izquierdo se encuentra una orejera circular colocada de forma paralela a la pieza; mientras que, del lado derecho, la orejera se encuentra de manera perpendicular, colocada horizontalmente, posiblemente como un defecto en su elaboración. De ahí surgen tres grandes bandas que debieron corresponder con el cabello.

            Por su parte la pieza 1637 tiene más perdidas, encontrándose únicamente la cabeza, pero careciendo del tocado, y la oreja derecha. Esta pieza, al igual que la anterior, marca los ojos con una forma convexa, pero tiene la particularidad de indicar la pupila con una pequeña perforación. Los ojos se remarcan con una pequeña saliente y sobre ellos se resalta la zona de las cejas. La nariz es prominente y aguileña. Debajo está la boca entreabierta con los labios remarcados. Del lado izquierdo tiene una oreja de forma rectangular con un pequeño orificio en la parte inferior, lo cual indica que se le podían colocar distintos pendientes a la pieza. Ello nos puede ayudar a explicar que, en la zona superior de la pieza se observa una rebaba de arcilla y está apenas redondeada. Ello nos indica que se le podían colocar distintos atavíos y con ello, darle de múltiples identidades a las piezas. Esta característica, además se complemente con la presencia en la parte inferior, donde se unía el cuello con el cuerpo, de una espiga, que se introducía en un orificio en el cuello, lo cual le daba movilidad. Por último, además de estas características, la pieza presenta concreciones de cal en la boca, los ojos y en la frente, lo cual puede indicar que la pieza fue recuperada de un basurero prehispánico.

            Estas dos piezas nos muestran la versatilidad que tuvieron las figurillas mayas y, a pesar de que se encuentran muy deterioradas, son un indicio de la expresividad que se quería mostrar con ellas.

Una de las características de las representaciones mayas es su expresividad y su naturalismo. A diferencias de otras tradiciones estilísticas, como la teotihuacana o la de la Mixteca-Puebla, donde se procura tener un rostro prototípico y un cuerpo que simplifique y abstraiga la realidad, la plástica maya pone atención a los detalles, las líneas curvas crean el cuerpo y los rostros presenta, a pesar de la simplificación, una mayor atención a los detalles de las facciones.

Obras de la sala

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