Botellón con forma de tortuga | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Botellón con forma de tortuga | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Botellón con forma de tortuga | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Botellón con forma de tortuga | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Botellón con forma de tortuga | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Botellón con forma de tortuga | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Región Valle de México
Período Preclásico medio
Año 1200-400 a.C.
Técnica

Barro modelado con engobe negro, alisado y pulido, con esgrafiado

Medidas 17.7   x 27.1  x 20 
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 220
Investigador

Descripción

Los animales en el preclásico fueron una de las figuras más representadas. Ellos, por lo general, además de mostrar la flora y fauna que existía en ese momento, tenía la finalidad de representar las fuerzas de la naturaleza. Así, las obras de los humanos comenzaron a representar pájaros, peces, jaguares e, incluso, se comenzaron a realizar seres fantásticos que mezclaban partes de uno y otro ser.

Entre estos animales, la tortuga fue un animal importante en la tradición prehispánica. Su forma causaba una gran intriga, al tener un caparazón duro, pero tener extremidades y cabeza suave. Además, los hábitos de muchos de estos animales, al esconderse bajo tierra en invierno y salir a la superficie en la primavera, hizo que se asociaran con los ciclos, la vegetación y la fertilidad.

La pieza con el número 220 es un botellón zoomorfo, con cuerpo de silueta compuesta. Presenta una base plana y un fondo cóncavo. El cuerpo se compone de dos formas curvoconvergentes, la primera de ellas reproduce la forma de un botellón y la superior simula el cuerpo de un animal, el cual se crea con la unión de dos cajetes curvoconvergentes.

El animal tiene características particulares. En uno de los extremos se observa su cabeza adosada al cuerpo a la altura de la línea de contacto de los dos cajetes curvoconvergentes. El artista modeló las orejas por separado y las adosó a la parte superior de la cabeza; hizo los ojos con dos esferas con una incisión horizontal en medio, simulando granos de café; mientras que, con una incisión gruesa, se delineó la boca del animal.

Para representar el cuerpo se colocaron pequeños triángulos, simulando espinas en la sección superior del cuerpo y en el contorno de la figura se realizaron pequeñas incisiones. Asimismo, en la parte trasera se distingue una pequeña cola.  Las patas del animal se representaron con cuatro fragmentos triangulares de barro, dos al frente y dos atrás, con incisiones que representan los dedos del animal.

En el centro de la zona central del cuerpo surge el cuello del botellón con paredes rectas divergentes que se van engrosando al llegar al borde. La boca de la pieza es circular y el borde redondeado. Toda la vasija fue cubierta con un engobe café oscuro y se le dio un acabado pulido.

Estas piezas en el Preclásico fueron integradas como parte del ajuar funerario, de ahí la importancia de la forma que adquieren. En este caso, la tortuga fue muy importante en la cosmovisión mesoamericana y se vinculaba con la tierra, la muerte y el renacimiento, de ahí su incorporación en las ofrendas. Además, estas figuras se relacionaron con la tierra, la cual, al igual que la tortuga, flotaba en el agua, en el mar primigenio.

Los animales en el preclásico fueron una de las figuras más representadas. Ellos, por lo general, además de mostrar la flora y fauna que existía en ese momento, tenía la finalidad de representar las fuerzas de la naturaleza. Así, las obras de los humanos comenzaron a representar pájaros, peces, jaguares e, incluso, se comenzaron a realizar seres fantásticos que mezclaban partes de uno y otro ser.

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