Cuerpos de figurillas femeninas | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
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Región Valle de México
Período Preclásico medio
Año 1200-400 a.C.
Técnica Barro modelado
Ubicación Salas de Arte Contemporáneo. Piezas Prehispánicas
Investigador

Descripción

En el Preclásico medio se creó una forma común de representar a la mujer que se caracterizó por unas anchas caderas y un mayor detalle en la representación del rostro. Estas cualidades fueron desarrolladas de forma distinta por las sociedades de Mesoamérica, haciendo énfasis cada una en un rasgo particular o colocando diseños que vinculaban a la pieza con las personas de una región. Incluso entre las sociedades lacustres del Valle de México también se daba este fenómeno: había rasgos compartidos en la representación de la mujer, pero tenían algún elemento particular de la aldea donde se elaboraba.

            Lo general y lo particular del estilo del Preclásico se distingue en el conjunto de piezas agrupadas en el número 737 de la colección del Museo Amparo. La primera de ellas es una figurilla típica de Tlatilco. Presenta únicamente el torso y parte de las piernas, encontrándose fracturados los brazos, la cabeza y la pierna derecha. El torso se compone por una forma curvo divergente, lo cual crea una figura con una cintura delgada y una ancha cadera. Los pechos apenas son marcados y el vientre se crea con una notoria forma esférica con una perforación en el centro (simulando el ombligo), siendo esta parte la que sobresale más de la pieza. Las piernas tienen una forma cónica alargada y se encuentran curvadas en su parte distal, donde tiene unas ligeras incisiones en diagonal, separando el muslo de la pantorrilla.

            La segunda pieza es la más completa y, por su postura y la forma de sus manos, posiblemente sea la más tardía y provenga de la región aledaña a Teotihuacán. La pieza tiene torso, brazos y piernas. El caso del tronco se compone por una forma recto divergente que se ensancha en las caderas y se adelgaza al llegar al cuello. En la parte superior salen dos tiras de barro que se ensanchan cerca del cuerpo y se adelgazan al final, donde son aplanadas para simular la mano (algo poco común en el Preclásico medio y que nos muestra su tardía elaboración). En el pecho se encuentran dos esferas, una junto a la otra, simulando los senos; mientras que más abajo se realizó una perforación para representar el ombligo. Por último, se marcaron con gruesas incisiones, un triángulo invertido en la zona de la cadera. Una de las aristas llega a la entrepierna y de ahí sale una línea vertical para representar la vagina de la mujer. Del torso se desprenden dos formas cónicas con las paredes redondeadas, simulando las piernas. La sección del muslo se encuentra aplanada horizontalmente, mientras que en la pantorrilla se ejerció presión a los lados. Esto, además de moldear la forma de la pierna, dejó las huellas dactilares del artesano que elaboró la pieza. La figurilla debió tener un engobe rojo, como se muestra en los senos, los brazos y la pierna, pero el paso del tiempo ha desprendido la mayor parte de esta capa.

            La tercera pieza tiene también un gran estado de conservación encontrándose el torso, las piernas y los brazos. Esta figurilla, con grandes piernas, pudo elaborarse en la región de San Juanico (Ciudad de México) donde se han encontrado piezas con estas características, aunque en Tlatilco también se han hallado, pero más estilizadas. La pieza se caracteriza por un torso recto con un medio círculo en la sección superior para simular un gran collar. Del pecho salen dos formas tubulares que se adelgazan y se unen en el centro de la pieza. Cada una tiene unas pequeñas bandas en el codo, representando brazaletes. En el brazo derecho carga una forma semicircular que se funde con un prominente vientre. De ahí surge el elemento más representativo de la pieza: las piernas. Estas extremidades se crean con dos largas formas tubulares que se adelgazan en el borde y al final tienen una banda aplicada al pastillaje.

Además de estas piezas, que nos muestran la versatilidad del cuerpo, se encontraban variantes en la forma de elaborar el pecho y esto se comprueba en la cuarta y en la quinta pieza del grupo. La primera de ella únicamente es la parte superior del torso, posee dos curvas que representan collares y dos pequeñas esferas simulando los senos. Llama la atención lo plano de su superficie, manteniéndose el grosor a lo largo del pecho. Esta característica se encuentra en las figurillas de Cuicuilco de donde proviene posiblemente este fragmento. En cambio, la última pieza consiste en un pecho hueco con paredes curvo convergentes. Tiene en el desplante de los brazos dos pequeñas esferas que forman los senos y un gran orificio marca el ombligo. 

            Estas variantes (la cintura marcada, el uso de líneas incisas, las piernas largas, los cuerpos aplanados o el volumen hueco del torso) nos muestran cómo, aunque existió una forma compartida de representación en el Preclásico, cada pueblo creó rasgos específicos que ayudaban a resaltar elementos propios del grupo y de su cosmovisión.

En el Preclásico medio se creó una forma común de representar a la mujer que se caracterizó por unas anchas caderas y un mayor detalle en la representación del rostro. Estas cualidades fueron desarrolladas de forma distinta por las sociedades de Mesoamérica, haciendo énfasis cada una en un rasgo particular o colocando diseños que vinculaban a la pieza con las personas de una región. Incluso entre las sociedades lacustres del Valle de México también se daba este fenómeno: había rasgos compartidos en la representación de la mujer, pero tenían algún elemento particular de la aldea donde se elaboraba.

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