El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Personaje femenino sentado | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Personaje femenino sentado

Cultura Tlatilco
Región Valle de México
Período Preclásico
Año 1400 -800 a.C
Técnica

Barro modelado, alisado, pellizcado y con pastillaje

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 594
Investigador

Esta pieza es una figurilla femenina de barro cocido y modelado, procede del yacimiento arqueológico de Tlatilco, actual municipio de Naucalpan, Estado de México. Este tipo de objetos, al parecer, fueron muy comunes en las aldeas agrícolas del Preclásico mesoamericano y se considera que estaban relacionados con el tema de la fertilidad humana y agrícola; sus características, pequeñas y con detalles tanto al frente como en la parte posterior, son indicio de que estaban diseñados para manipularse y observarse desde todos los ángulos. Los grupos mesoamericanos quizá se valían de estas figurillas para propiciar ciclos agrícolas y reproductivos óptimos o para evitar todos los factores que los afectaban; su uso debió ser eminentemente religioso, no obstante, no es posible descartar que tuvieran alguna función suntuaria, ornamental o estética.

La mujer aquí representada está totalmente desnuda, se la ve sentada y con sus piernas completamente extendidas; su cuerpo posee muslos muy gruesos, glúteos grandes, cadera ancha, cintura muy marcada y senos que sobresalen, rasgos que se asocian a la fertilidad. Los pies y las manos, por otra parte, apenas están insinuados mediante muñones e incisiones realizadas en el barro crudo y que señalan las separaciones entre los dedos. Toda la superficie del objeto presenta restos de pigmento ocre; por lo demás, podemos apreciar que los rasgos más toscos de la pieza fueron elaborados mediante modelaje y pellizcado, como los senos y la forma general; mientras que los elementos más finos se realizaron mediante inciso: ojos, boca, dedos.

La pose de la figurilla es lo más llamativo, pues esta lleva ambos brazos hacia el vientre, mismo que se observa abultado y rematado por un ombligo prominente, posible señal de que la mujer está embarazada. Asimismo, los pechos se perciben un poco caídos, quizá a consecuencia del acto de amamantar, y coronados por grandes pezones muy bien marcados y añadidos mediante pastillaje.

El cuello del personaje es inusualmente largo y ancho, mientras que la cabeza es muy grande y posee rasgos que aportan individualidad. En el rostro se observan mejillas abundantes, labios entreabiertos y un par de ojos alargados que, en conjunto con la cabeza ladeada hacia la izquierda, miran expectantes. Los únicos accesorios que adornan la desnudez de este cuerpo femenino son las perforaciones de los lóbulos de las orejas, en las que parece portar grandes orejeras, y un tocado compuesto por una banda, seguramente de tela, que rodea la cabeza, se anuda por detrás y que deja espacio en la coronilla para un sencillo peinado.

Las mejillas abultadas y la consistencia regordeta de los miembros inferiores y superiores dan una sensación de armoniosa abundancia y de que el cuerpo representado es pleno y saludable. Por otra parte, la expresión del personaje y la energía con la que lleva sus manos al vientre indican cierta alegría por la nueva vida que se avecina. Es posible que la posición adoptada represente una actitud natural al sentarse, una forma de proporcionar comodidad a la mujer encinta o quizá un preludio al alumbramiento.

Esta pieza es una figurilla femenina de barro cocido y modelado, procede del yacimiento arqueológico de Tlatilco, actual municipio de Naucalpan, Estado de México. Este tipo de objetos, al parecer, fueron muy comunes en las aldeas agrícolas del Preclásico mesoamericano y se considera que estaban relacionados con el tema de la fertilidad humana y agrícola; sus características, pequeñas y con detalles tanto al frente como en la parte posterior, son indicio de que estaban diseñados para manipularse y observarse desde todos los ángulos. Los grupos mesoamericanos quizá se valían de estas figurillas para propiciar ciclos agrícolas y reproductivos óptimos o para evitar todos los factores que los afectaban; su uso debió ser eminentemente religioso, no obstante, no es posible descartar que tuvieran alguna función suntuaria, ornamental o estética.

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