Figurilla femenina sedente | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figurilla femenina sedente | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Figurilla femenina sedente | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Figurilla femenina sedente | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Cultura Tumbas de tiro
Región Nayarit
Período Preclásico tardío
Año 200 a.C. – 400 d.C.
Técnica

Barro modelado con engobe rojo, incisiones y aplicaciones al pastillaje

Medidas 36   x 26  x 17.8  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1132
Investigador

Descripción

La tradición de Tumbas de tiro está aún por conocerse y detallarse, tanto su desarrollo como sus características regionales. A pesar de los importantes estudios que han aparecido recientemente, su investigación estuvo durante muchas décadas a la sombra de otros sitios que acaparaban la atención. A pesar de ello, cuando comenzaron a salir las piezas que se encontraban en las tumbas, la fascinación por estas obras fue enorme, ya que en ellas se desplegaba una creatividad que no había sido vista en las culturas prehispánicas. Los cuerpos humanos se alargaban o ensanchaban, se veían representaciones de las actividades de la vida cotidiana e incluso existían maquetas que recreaban con una gran viveza y dinamismo las actividades de los poblados.

Entre estas obras, se encontraron también grandes vasijas efigie que representaban a personas y destacaba su monumentalidad de proporciones. Estas piezas comúnmente se encontraban con un engobe rojo, bellamente pulido y tenía una decoración que se había perdido con el paso de los siglos, pero que, al inspeccionar la pieza con más atención, aún se podían ver vestigios de una compleja decoración geométrica. Las piezas, a pesar de que no mostraban el dinamismo de otras obras, su solemne expresión y su hieratismo transmitían el poder y la jerarquía.

            La pieza 1132 de la Colección del Museo Amparo es uno de estos casos. Esta es una gran vasija de 36 centímetros de alto con forma de mujer. La mujer se encuentra sedente. Los glúteos se apoyan en el piso, las piernas se proyectan hacia arriba y, después de doblarse a la altura de las rodillas, la planta e los pies se asienta sólidamente en el piso. Los dedos de los pies son divididos cada uno minuciosamente lo que hace que se ensanche en este lugar la pieza. 

De los glúteos al cuello se crea la forma globular de la pieza, marcándose tenuemente las paredes curvoconvergentes. En la parte superior se encuentran integradas dos medias esferas para simular los senos y, de los lados, salen dos pequeños y delgados brazos que, después de hacer un medio círculo, se colocan en la cintura. Las manos se representan con cuatro líneas incisas a cada lado para simular los dedos y en el centro del vientre hay un pequeño orificio que simula el ombligo.

            En la unión entre el cuerpo y la cabeza se encuentra un collar con diseños de “chebrón” con perforaciones en el centro y, de ahí se desprende un cuello recto que da lugar a una cabeza cuadrada. Al ver el rostro, se destaca lo andrógino de las facciones, ya que en no existe ninguna característica que lo pueda definir como hombre o mujer.  La frente es pequeña y con pastillaje se hizo el contorno de los ojos. La nariz se formó con una pequeña pieza de barro triangular, mientras que las orejas son dos medios círculos, uno a cada lado, con una perforación en la zona inferior. Las horadaciones en la pieza son comunes y, además de las orejas se encuentran en los ojos, en la boca e incluso se hicieron dos perforaciones en la nariz para simular las fosas nasales.

            Como características de la pieza se encuentra que en la parte superior de la cabeza se encuentra la boca de la vasija. Además, encontramos la presencia de engobe minuciosamente pulido en toda la pieza. La cabeza es color café claro, el pecho y los brazos es rojo; mientras que en las piernas es color negro. Destaca en el pecho la presencia de líneas negras en zig-zag que recorren todo el torso, las cuales apenas se distinguen, ya que fueron colocadas después de la cocción y, debido a que ha perdido la pintura, solo perdura la marca de estos diseños. Asimismo, llama la atención el estado de conservación de la pieza, puesto que, a pesar de las concreciones de cal, solo presenta un exagerado desgaste en las rodillas, donde se perdió el engobe y quedó expuesto el color natural del barro, lo cual nos indica que la pieza se encontraba enterrada bocabajo. Pero, fuera de este desgaste la pieza no presenta

Las características de la pieza y la posición nos muestran que estamos ante una mujer de poder, posiblemente una gobernante. Llama la atención que, mientras los mexicas y los teotihuacanos poseemos pocas representaciones de mujeres que ostentaban el gobierno, en el caso de Oaxaca, de los mayas y del Occidente, podemos identificar que la mujer tenía un papel prioritario en las tomas de decisiones y muchas veces, tenía tal importancia, que debía de representarse de una manera monumental, como en el caso de la pieza que aquí nos ocupa.

La tradición de Tumbas de tiro está aún por conocerse y detallarse, tanto su desarrollo como sus características regionales. A pesar de los importantes estudios que han aparecido recientemente, su investigación estuvo durante muchas décadas a la sombra de otros sitios que acaparaban la atención. A pesar de ello, cuando comenzaron a salir las piezas que se encontraban en las tumbas, la fascinación por estas obras fue enorme, ya que en ellas se desplegaba una creatividad que no había sido vista en las culturas prehispánicas. Los cuerpos humanos se alargaban o ensanchaban, se veían representaciones de las actividades de la vida cotidiana e incluso existían maquetas que recreaban con una gran viveza y dinamismo las actividades de los poblados.

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