Contorsionistas | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Cultura Cuicuilco
Región Valle de México
Período Preclásico medio
Año 1200-500 a.C.
Técnica

Barro modelado con incisiones y aplicaciones al pastillaje

Medidas

Tamaño 797-1: 7.06 x 2.47 x 2.83 cm.

Tamaño 797-2: 7.15 x 2.4 x 2.9 cm.

Medidas 2.3   x 6.9  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 797 2
Investigador

Descripción

Las formas en las cuales los sacerdotes entraban en contacto con las deidades variaban en Mesoamérica. Las más conocidas estaban vinculadas con el consumo de estupefacientes y alcohol. Por ejemplo, no todas las personas podían consumir peyote, hongos o algún tipo de bebida fermentada, ya que, si hacían esto, podían entrar en contacto con el mundo sobrenatural, algo que solo podía hacer la elite.  

            Complementario a esta práctica, sabemos que los autosacrificios, por la perdida de la sangre, también ponían en un estado alterado de conciencia a las personas, lo cual hacía que solamente se pudieran realizar estos rituales en momentos específicos. Además de ello, otra manera de entrar en un estado alterado de conciencia era por medio del cuerpo, las distintas posiciones en que podían colocarse los sacerdotes les facilitaba entrar en contacto con las divinidades. Quizá uno de los ejemplos más característicos de esta práctica se encuentra en la pieza olmeca del mal llamado “acróbta” pero como ella hay muchas más.

            Una prueba de que esta práctica se realizaba también en las aldeas del Preclásico la encontramos en las dos piezas que conforman el número 797 de la Colección del Museo Amparo. La pieza 797-1 tiene el rostro modelado por medio del pastillaje. La boca y los ojos se hicieron con un círculo con una línea incisa horizontalmente en el centro. Las cejas son dos tiras curvas y la nariz tiene una forma triangular. A los lados de la cabeza están dos grandes orejeras y tiene un tocado cónico. En medio del tocado tiene una banda con un círculo en el centro y dos a los lados (el derecho ya no se encuentra) y más arriba están otras tres bandas más. Después del trabajo con pastillaje para crear el rostro, llama la atención la sencillez y la posición del cuerpo, ya que, a pesar de ser hecho de una manera muy esquemática, con un pedazo cilíndrico de cerámica de donde salen cuatro conos, dos arriba y dos abajo, para simular los brazos y las piernas, con estas sencillas formas se simula que la persona está arrodillada, se está inclinado hacia enfrente y se apoya en sus manos, formando entre el cuerpo y los brazos un ángulo de 90 grados.

La pieza 791-2 mantiene varias de las características anteriormente descritas. Los ojos y la boca tienen una forma de “granos de café” es decir, son círculos con una línea incisa horizontalmente. Con una tira curva se marcan las cejas y un prisma triangular genera la nariz. A los lados del rostro están dos orejeras circulares y tienen un tocado que consiste en una gran tira que rodea el rostro en la parte superior, como si fuera su cabello y en medio de esta sección están 4 tiras de barro colocadas verticalmente encima. Al igual que la pieza anterior lo que más llama la atención es la posición, ya que se encuentra con las manos unidas al centro y los brazos separados, formando un triángulo con los brazos y el pecho.  Las piernas se proyectan hacia atrás con una inclinación de 30 grados. Con ello la figura adquiere una posición semejante a las lagartijas o a la flexión de codos.

La búsqueda de estas piezas era tratar de capturar el movimiento ritual de las personas, el cual, pese a ser un tema fascinante, apenas tenemos conocimiento de ello, ya que tenemos pocos vestigios, como las piezas que aquí se estudian. A partir de ellos nos surgen varias incógnitas ¿En qué rituales se realizaban estas prácticas? ¿Con qué sonidos, olores, colores y atavíos se acompañaban? ¿Cuándo se practicaban estos movimientos? ¿Cómo era la formación ritual para lograr estas contorsiones? Entre muchas otras preguntas que han quedado veladas por el paso del tiempo.

Las formas en las cuales los sacerdotes entraban en contacto con las deidades variaban en Mesoamérica. Las más conocidas estaban vinculadas con el consumo de estupefacientes y alcohol. Por ejemplo, no todas las personas podían consumir peyote, hongos o algún tipo de bebida fermentada, ya que, si hacían esto, podían entrar en contacto con el mundo sobrenatural, algo que solo podía hacer la elite.  

Otras piezas de la sala