Hombre sedente | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
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Hombre sedente | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Hombre sedente | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Hombre sedente | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Hombre sedente | El tiempo en las cosas. Salas de Arte Contemporáneo | Museo Amparo, Puebla
Región Occidente
Período Posclásico temprano
Año 1000- 1250 d.C.
Técnica Piedra basáltica. Tallado y desgastado
Medidas 33   x 17  cm
Ubicación Salas de Arte Contemporáneo. Piezas Prehispánicas
Investigador

Descripción

Cada cultura en el mundo ha concebido el cuerpo humano de una forma particular. Algunos han buscado crear una imagen mimética del cuerpo; otras como las culturas del Preclásico, resaltaban algunos aspectos como las caderas o los muslos para simbolizar la fertilidad; en ocasiones, se generaban formas prototípicas para representar las orejas o los ojos, como ocurría entre los mexicas y, en otras veces, con la forma de representar el cuerpo se distinguía a los integrantes del grupo de los “otros”.

            El caso de la pieza 229 es un caso particular. Pese a que tiene faltantes, se puede distinguir a un hombre en cuclillas con los brazos cruzados y apoyados en las rodillas. Las características de la pieza, antes de representar la solidez de la escultura mexica, se muestra sencilla. La cabeza se representa mirando hacia arriba, para lo cual se talló un círculo y, para simular los ojos y la boca, se desgastó una línea horizontal. El cabello se delimitó de manera lineal, simulando una forma de casco y carece de orejas. A los lados de la cabeza y en la parte trasera se encuentra la representación de listones anudados, teniendo el nudo en la parte superior y cayendo las tiras hacia abajo. El cuello se hace de una forma curvo-divergente, uniendo la cabeza con el torso, de donde salen los brazos que se proyectan hacia enfrente y se doblan para adentro – aunque se encuentra fracturada del antebrazo –, recargándose la mano derecha sobre la rodilla y la mano izquierda se apoya en el codo derecho. Además, en la parte distal de estas formas se colocaron series de líneas simulando los dedos de las manos.

En la parte posterior se marcan los omoplatos –como dos círculos – y también se remarca, en el centro, la columna vertebral con una fila con cuatro cuadrados, queriendo con ello recalcarse una postura curveada en la espalda. Las piernas también se proyectan dobladas hacia enfrente, con las rodillas arriba y la planta de los pies en el suelo, aunque, al igual que ocurre con los antebrazos, se encuentra fracturada esta zona.

            La escultura se destaca por el modo lineal y esquemático de representar el cuerpo: los ojos y la boca se forman con líneas; las extremidades, con un delgado prisma; la espalda y las vértebras se simularon con cuadrados y con círculos se representaron los omoplatos. La forma de representar el cuerpo en cuclillas pertenece al Posclásico, pero la manera de figurar el cuerpo no corresponde con una plástica del centro de México. En la pieza no vemos la boca entreabierta, la oreja de hongo o la masividad de la pieza. Al contrario, la delgada representación de las extremidades es lo que atrapa de inmediato la atención.

Esta forma del cuerpo la encontramos en la región de Occidente durante el Posclásico, por lo que esta pieza debe provenir de esta región. Lamentablemente no contamos con más datos que nos ayuden a relacionar esta escultura con una deidad o una actividad. Esto evidencia la falta de una clasificación de las obras en piedra que se produjeron en esta basta región. Cuando esto se realice, quizá, las piezas que se encuentran en las distintas colecciones del país por fin podrán tener una identidad más certera y, al mismo tiempo, se podrá decir algo más acerca de ellas.

Cada cultura en el mundo ha concebido el cuerpo humano de una forma particular. Algunos han buscado crear una imagen mimética del cuerpo; otras como las culturas del Preclásico, resaltaban algunos aspectos como las caderas o los muslos para simbolizar la fertilidad; en ocasiones, se generaban formas prototípicas para representar las orejas o los ojos, como ocurría entre los mexicas y, en otras veces, con la forma de representar el cuerpo se distinguía a los integrantes del grupo de los “otros”.

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