Mujer con velo abrazando un perrito | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Mujer con velo abrazando un perrito

Cultura Occidente de México
Región Faja volcánica transmexicana de Michoacán
Período Preclásico tardío-Clásico temprano
Año 0-600 d.C.
Técnica

Escultura cerámica modelada, con pastillaje, acanaladuras, punzonado y pintura

Medidas 10.5   x 6.6  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 771
Investigador

Descripción

Pese a tratarse de un arte insuficientemente definido, lo que conlleva un entendimiento cultural, podemos decir que esculturas cerámicas semejantes a la que vemos tienen una amplia distribución en el territorio michoacano; aunque al parecer su producción fue acotada, su hallazgo fuera de esa entidad expone las interacciones entre el Occidente y Centro de Mesoamérica durante el periodo Clásico, varios siglos antes de la formación de la cultura tarasca.

         Entre las localidades de Michoacán donde se han registrado están Jiquilpan, Loma Alta en la cuenca de Zacapu, Loma de Santa María en el valle de Morelia y, en la cuenca de Pátzcuaro, Erongarícuaro y Urichu; estos sitios se encuentran en la faja del Eje Neovolcánico Transversal, donde abundan los valles y lagos. En particular respecto a Loma Alta, Patricia Carot reporta un pequeño número de fragmentos asociados a depósitos funerarios y rellenos.

         Asimismo, han sido descubiertas en la cosmopolita ciudad de Teotihuacan, por lo que testimonian, junto con otras evidencias, que grupos procedentes de Michoacán se instalaron en esa capital, como resultado de las relaciones sociales, políticas, económicas y religiosas que establecieron.   Sergio Gómez y Julie Gazzola detectaron un par de este tipo de imágenes femeninas en un conjunto habitacional, denominado Estructura19, en las inmediaciones del Barrio Zapoteco. En dicha estructura existen pequeñas tumbas de tiro cavadas en tepetate que remiten a las de la cultura de tumbas de tiro de Nayarit, Jalisco y Colima. Las esculturas, en estado completo, formaban parte de una notable ofrenda fundacional depositada en el núcleo de un templo y conformada por los restos desmembrados de al menos 10 humanos adultos y un infante con modificaciones craneanas parecidas a las practicadas por culturas de la región occidental; también había cajetes decorados y una navajilla de obsidiana de las minas Zinapécuaro; los anteriores objetos fueron importados de Michoacán y estaban acompañados por otros de típica manufactura teotihuacana, lo que señala tanto la integración al modo de vida teotihuacano, como la ostentación de rasgos culturales originales, seguramente por parte de grupos que desempeñaban funciones diplomáticas en esa magna urbe.

         En el orden de ideas de la interacción cultural, a su vez resulta interesante notar que estas imágenes femeninas michoacanas tienen rasgos estilísticos teotihuacanos, como el esquematismo acentuado, la cabeza de contorno triangular, la figuración de algunos rostros con apariencia de máscaras, las orejeras anulares grandes y el uso de capas y faldas.

         Consisten en figuras femeninas construidas mediante el modelado, una técnica que imprime individualidad a cada pieza; están de pie, desnudas o vestidas con falda, o con capa y falda; la nariz es un volumen triangular prominente; con los brazos doblados en ángulo y las manos sobre el abdomen, a veces pronunciado, al igual que la zona púbica; los pies son anchos, con los dedos marcados y el arco levantado.

         La obra de la colección del Museo Amparo que nos ocupa conserva parcialmente la superficie pintada con detalles en crema sobre rojo y ocre. Tiene el aspecto de una mujer joven; destaca por el velo largo con un ribete de líneas cortas paralelas, que enmarca su rostro y por detrás cubre hasta la cintura; los ojos son aplicaciones al pastillaje con dos suaves depresiones laterales que resaltan la pupila. Es llamativa la falda ornamentada pictóricamente con dos franjas horizontales de espirales en color amarillento que circundan la prenda. El perrito que abraza y cuyas patas delanteras se posan sobre la boca de la mujer –las traseras no se figuraron-, es un elemento central en la composición y expresividad de nuestra imagen, pues plasma abiertamente un afectuoso gesto maternal, poco común en este corpus. Pienso que su interpretación no se limita a una escena cotidiana, y que en lugar de ello es coherente con la iconografía de lo femenino en Mesoamérica, cuya conceptualización considera fauna como el perro, el origen y lo acuático. Acaso los motivos de espirales en la falda remitan a corrientes de agua.

Pese a tratarse de un arte insuficientemente definido, lo que conlleva un entendimiento cultural, podemos decir que esculturas cerámicas semejantes a la que vemos tienen una amplia distribución en el territorio michoacano; aunque al parecer su producción fue acotada, su hallazgo fuera de esa entidad expone las interacciones entre el Occidente y Centro de Mesoamérica durante el periodo Clásico, varios siglos antes de la formación de la cultura tarasca.

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