Vasija negro-sobre-blanco con doble efigie | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija negro-sobre-blanco con doble efigie | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Vasija negro-sobre-blanco con doble efigie | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Vasija negro-sobre-blanco con doble efigie

Cultura Huasteca
Región Costa del Golfo
Período Posclásico tardío
Año 900-1520 d.C.
Técnica

Barro modelado alisado, puntillado, pellizcado, pintado, pastillaje

Medidas

Diámetro: 10.5 cm

Medidas 17.9   x 16  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1490
Investigador

Descripción

Los recipientes de barro blanco, beige o crema con pintura negra, roja o café normalmente son llamados simplemente de tipo “negro-sobre-blanco”. Son particularmente típicos de la Huasteca en el periodo Posclásico (900-1520 d.C.), especialmente en sus últimos tres siglos. Se encuentran en casi toda la extensión de influencia huasteca.

El barro es fino y compacto con desgrasante pequeño, generalmente de cuarzo. La pintura negra, que puede variar de café oscuro a negro y hasta rojo mate o vivo, es aplicada directamente sobre la superficie de la vasija. En algunos casos, un baño del mismo barro, un engobe blanco o crema es puesto antes de aplicar la pintura. Todo esto habitualmente ocurre previo a la quema de la vasija en hornos abiertos; un proceso muy bien cuidado con el objetivo de evitar decoloraciones por oxidación. En algunos ejemplares, el engobe y la pintura se añaden posterior al horneado. 

Entre este enorme grupo de vasijas hay una considerable variación en los distintos usos. Aquí encontramos pequeñas ollas de aproximadamente el mismo volumen, unos con efigies, y otros con pequeñas caras en el cuello del recipiente. Los primeros de efigies tienen asas de banda y vertederas con o sin soporte. Los otros tienen dos asas redondas, y no tres como es normal en muchas ollas. Estos están montados hacia un solo lado del recipiente.

Las figuras pintadas o modeladas como estas son típicas de la Huasteca y se encuentran especialmente en la región del Golfo, del área donde esta cultura tiene más presencia. La pintura negra aparenta ser corporal o en algunos casos tatuajes o inclusive escarificaciones.

Las efigies son zoomorfas y antropomorfas, y en algunas instancias combinadas. La mayoría tienen una medida de 20 a 25 centímetros, o un poco más, de alto. Están caracterizadas por tener vertederas tanto con soporte como sin soporte. Es muy posible que estas vasijas hagan un ruido al vaciar el líquido.

Las figuras antropomorfas frecuentemente son representaciones de mujeres con rasgos deformes y posiblemente de enanos. Es probable que estén asociadas con la diosa de la tierra, la diosa del pulque, y el dios de la lluvia o del viento, deidades muy transcendentales en la Huasteca. Los símbolos zoomorfos de las vasijas seguramente representan animales asociados con eventos mitológicos en el cual, casi todos tenían un rol específico.

Asociado también en esta misma clase de vasija, hay pequeñas ollas a veces con fondo convexo y a veces redondas. Estas fueron amarradas a algo más grande para darles estabilidad. Frecuentemente tienen la misma iconografía que está representada en las vasijas con forma humana, de animal o mixto.

En la cosmología mesoamericana, los animales nocturnos eran asociados con poderosos “dioses del inframundo”, también llamados los “dioses de la noche”. Éstos son partes de la mitología y leyendas de sus origines culturales, donde no siempre estaban los mismos animales en todas partes de Mesoamérica.

En la Costa del Golfo, la lista de estos animales incluye: mapache, tejón, grisón, comadreja, coati, y especialmente el tlacuache (blanco). Todos podían ser representados en diversas manifestaciones. Los tlacuaches eran importantes en toda la zona costera, siendo interpretados con aspectos divinos, de sabiduría, y de poder engañar, tanto como poder ayudar al hombre.

Por otra parte, en la Huasteca el pulque fue un gran culto, con mucha profundidad de tiempo y amplia difusión geográfica. A diferencia de muchas partes de Mesoamérica, no hubo un dios del pulque sino una diosa. Esto pudo haber sido un formato de mucha antigüedad en esta parte de la Costa del Golfo. De hecho, las diosas fueron importantes y comunes a través de la cronología cultural de la Huasteca.

Existe la posibilidad que la forma humana con cara zoomórfica en estas ollas sea un avatar de la diosa del pulque o un sujeto divino de la misma y que su presencia fue consistente con un evento mitológico del origen o manejo del pulque.

En algunas tradiciones mesoamericanas, el tlacuache roba el fuego de un grupo de dioses para dárselo a otro que lo necesita, los humanos. Tal vez en este caso el tlacuache, en forma femenina, robó el pulque para la diosa y los huastecos. O alternativamente, la diosa tomó la forma de una tlacuache, o de otro animal nocturno, para conseguir por engaño el pulque al cuidado de otros dioses en la oscuridad del inframundo.

La pieza que se examina a continuación es una vasija de pintura negra sobre fondo color crema, modelada y con una efigie doble. También lleva una vertedera sin soporte y un asa de banda arriba de la boca de la olla.

Las caras representadas en la vasija son muy similares entre sí, de hecho, evocan a la misma divinidad zoomorfa. Sólo existen divergencias menores en la simbología plasmada con pintura negra que rodea los respectivos rostros. Sin duda, son los semblantes del mismo personaje que se encuentra presente en la figura número 1477. La diferencia principal es que en este caso sólo se reproduce el rostro y no el cuerpo completo.

Esta pequeña olla cuyos rostros pueden representar figuras tanto zoomorfas como antropomorfas, tiene los mismos ojos de curva hacia arriba que en la vasija número 1477, y los mismos símbolos presentes en gran parte de las piezas de este tipo.

Presenta puntos rojos en las mejillas, la pintura negra y sus símbolos se ven hasta el fondo de la vasija y no se pueden apreciar a menos que la olla esté de lado. Es posible que esto indique que tiene agrupaciones de símbolos o glifos con un significado en conjunto o aluden a frases rituales del culto asociado. Al ver uno o algunos, los otros son reconocidos aun sin estar visibles.

Las caras representadas tienen los ojos en curva hacia arriba, la nariz larga y chata, con perforaciones para las fosas nasales y con la boca pequeña y oval. Las orejas son modeladas pero no muy distintas entre sí.

Es importante mencionar que en la Huasteca casi todos los animales estaban asociados a dioses divinos y que hay cuentos e historias sobre lo que éstos hicieron a favor de un dios o cómo fueron castigados o convertidos en otras formas por otras deidades.

La superficie de esta vasija tiene el mismo tratamiento que la número 1477, pero está un poco menos conservada, aun así está en condiciones admisibles para su uso en exhibición educacional. Es una de las piezas más interesantes del lote y originalmente debía haber sido muy llamativo.

Tal como con la 1477, el enfoque es la diosa con figura zoomorfa. Esta deidad es tan conocida e importante que solamente se proyectó su rostro, y además dos veces, en la superficie de la vasija. Está relacionado con el culto del pulque.

Los recipientes de barro blanco, beige o crema con pintura negra, roja o café normalmente son llamados simplemente de tipo “negro-sobre-blanco”. Son particularmente típicos de la Huasteca en el periodo Posclásico (900-1520 d.C.), especialmente en sus últimos tres siglos. Se encuentran en casi toda la extensión de influencia huasteca.

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