Ollita negro-sobre-blanco con una imagen en el cuello y pintura de símbolos en el hombro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Ollita negro-sobre-blanco con una imagen en el cuello y pintura de símbolos en el hombro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Ollita negro-sobre-blanco con una imagen en el cuello y pintura de símbolos en el hombro | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Ollita negro-sobre-blanco con una imagen en el cuello y pintura de símbolos en el hombro

Cultura Huasteca
Región Costa del Golfo
Período Posclásico tardío
Año 900-1520 d.C.
Técnica

Barro modelado alisado, pintado, pellizcado

Medidas

Diámetro: 6 cm

Medidas 14   x 10.3  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1486
Investigador

Descripción

Los recipientes de barro blanco, beige o crema con pintura negra, roja o café normalmente son llamados simplemente de tipo “negro-sobre-blanco”. Son particularmente típicos de la Huasteca en el periodo Posclásico (900-1520 d.C.), especialmente en sus últimos tres siglos. Se encuentran en casi toda la extensión de influencia huasteca.

El barro es fino y compacto con desgrasante pequeño, generalmente de cuarzo. La pintura negra, que puede variar de café oscuro a negro y hasta rojo mate o vivo, es aplicada directamente sobre la superficie de la vasija. En algunos casos, un baño del mismo barro, un engobe blanco o crema es puesto antes de aplicar la pintura. Todo esto habitualmente ocurre previo a la quema de la vasija en hornos abiertos; un proceso muy bien cuidado con el objetivo de evitar decoloraciones por oxidación. En algunos ejemplares, el engobe y la pintura se añaden posterior al horneado. 

Entre este enorme grupo de vasijas hay una considerable variación en los distintos usos. Aquí encontramos pequeñas ollas de aproximadamente el mismo volumen, unos con efigies, y otros con pequeñas caras en el cuello del recipiente. Los primeros de efigies tienen asas de banda y vertederas con o sin soporte. Los otros tienen dos asas redondas, y no tres como es normal en muchas ollas. Estos están montados hacia un solo lado del recipiente.

Las figuras pintadas o modeladas como estas son típicas de la Huasteca y se encuentran especialmente en la región del Golfo, del área donde esta cultura tiene más presencia. La pintura negra aparenta ser corporal o en algunos casos tatuajes o inclusive escarificaciones.

Las efigies son zoomorfas y antropomorfas, y en algunas instancias combinadas. La mayoría tienen una medida de 20 a 25 centímetros, o un poco más, de alto. Están caracterizadas por tener vertederas tanto con soporte como sin soporte. Es muy posible que estas vasijas hagan un ruido al vaciar el líquido.

Las figuras antropomorfas frecuentemente son representaciones de mujeres con rasgos deformes y posiblemente de enanos. Es probable que estén asociadas con la diosa de la tierra, la diosa del pulque, y el dios de la lluvia o del viento, deidades muy transcendentales en la Huasteca. Los símbolos zoomorfos de las vasijas seguramente representan animales asociados con eventos mitológicos en el cual, casi todos tenían un rol específico.

Asociado también en esta misma clase de vasija, hay pequeñas ollas a veces con fondo convexo y a veces redondas. Estas fueron amarradas a algo más grande para darles estabilidad. Frecuentemente tienen la misma iconografía que está representada en las vasijas con forma humana, de animal o mixto.

En la cosmología mesoamericana, los animales nocturnos eran asociados con poderosos “dioses del inframundo”, también llamados los “dioses de la noche”. Éstos son partes de la mitología y leyendas de sus origines culturales, donde no siempre estaban los mismos animales en todas partes de Mesoamérica.

En la Costa del Golfo, la lista de estos animales incluye: mapache, tejón, grisón, comadreja, coati, y especialmente el tlacuache (blanco). Todos podían ser representados en diversas manifestaciones. Los tlacuaches eran importantes en toda la zona costera, siendo interpretados con aspectos divinos, de sabiduría, y de poder engañar, tanto como poder ayudar al hombre.

Por otra parte, en la Huasteca el pulque fue un gran culto, con mucha profundidad de tiempo y amplia difusión geográfica. A diferencia de muchas partes de Mesoamérica, no hubo un dios del pulque sino una diosa. Esto pudo haber sido un formato de mucha antigüedad en esta parte de la Costa del Golfo. De hecho, las diosas fueron importantes y comunes a través de la cronología cultural de la Huasteca.

Existe la posibilidad que la forma humana con cara zoomórfica en estas ollas sea un avatar de la diosa del pulque o un sujeto divino de la misma y que su presencia fue consistente con un evento mitológico del origen o manejo del pulque.

En algunas tradiciones mesoamericanas, el tlacuache roba el fuego de un grupo de dioses para dárselo a otro que lo necesita, los humanos. Tal vez en este caso el tlacuache, en forma femenina, robó el pulque para la diosa y los huastecos. O alternativamente, la diosa tomó la forma de una tlacuache, o de otro animal nocturno, para conseguir por engaño el pulque al cuidado de otros dioses en la oscuridad del inframundo.

La pieza que aquí nos ocupa es una olla con elementos zoomorfos, lo que parecer ser la cara de un ave, tal vez una clase de perico. Ocupa casi todo el cuello de la vasija. Los ojos están alzados y el pico es grande. Las orejas están elaboradas por modelado en barro. Debajo de la cabeza y el cuello, está pintado un collar de banda en forma de “V” sosteniendo una presea. Este es el símbolo conocido como ehecatl-coxcatl, “la joya del viento”. Normalmente estaba hecho de concha. El símbolo mismo está basado en la apariencia que toma el caracol cuando es cortado transversalmente.

Este glifo está asociado con el dios del viento y a algunas veces, temprano en la cronología de la región, con el dios de la lluvia. El culto fue extremamente importante en toda la gran área de la Huasteca donde se remota fácilmente a los tres mil años. En la época de esta olla, el Posclásico (900-1520 d.C.) estuvo relacionada seguramente con el dios del viento. En cambio, este dios era visto como participe y el patrón divino principal del culto de pulque en la Huasteca.

Es franqueado por símbolos que aparecen en las otras vasijas del presente lote y en esculturas de piedra en varias partes de la Huasteca. Muy probable estos también se identificaban con el culto hacia el pulque. En la parte trasera de la figura, es decir el lado opuesto a la imagen con el símbolo de ehecatl-coxcatl, hay un arreglo en pintura negro que aparentemente representa a algo como una red para cubrir el cabello. Consiste en tres sogas de tres bolas circulares u ovaladas suspendidas en una línea que está por el labio de la vasija. Pudiera ser parte de un tocado o una indumentaria ritual. Del mismo modo, el listón del collar se extiende hacia la parte trasera. Lo que indica que el retrato de frente está pintado en 360 grados y que la parte posterior de la figura aparece. Posiblemente representa a una persona vestida con los atavíos de un ave asociada con el culto de pulque.

La vasija tiene dos asas sencillas, aparentemente para ser amarrada a algo más grande cuando estaba llena de líquido. O también pudieran han sido utilizados para traer la olla en la espalda por medio de un mecapal.

Los recipientes de barro blanco, beige o crema con pintura negra, roja o café normalmente son llamados simplemente de tipo “negro-sobre-blanco”. Son particularmente típicos de la Huasteca en el periodo Posclásico (900-1520 d.C.), especialmente en sus últimos tres siglos. Se encuentran en casi toda la extensión de influencia huasteca.

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