Olla rojo-sobre-blanco con representación de ave en el cuello | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Olla rojo-sobre-blanco con representación de ave en el cuello | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Olla rojo-sobre-blanco con representación de ave en el cuello

Cultura Huasteca
Región Costa del Golfo
Período Posclásico tardío
Año 900-1520 d.C.
Técnica

Barro modelado alisado, pellizcado, puntillado, inciso

Medidas

Diámetro: 5.5. cm.

Medidas 21.5   x 15.4  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1483
Investigador

Descripción

Los recipientes de barro blanco, beige o crema con pintura negra, roja o café normalmente son llamados simplemente de tipo “negro-sobre-blanco”. Son particularmente típicos de la Huasteca en el periodo Posclásico (900-1520 d.C.), especialmente en sus últimos tres siglos. Se encuentran en casi toda la extensión de influencia huasteca.

El barro es fino y compacto con desgrasante pequeño, generalmente de cuarzo. La pintura negra, que puede variar de café oscuro a negro y hasta rojo mate o vivo, es aplicada directamente sobre la superficie de la vasija. En algunos casos, un baño del mismo barro, un engobe blanco o crema es puesto antes de aplicar la pintura. Todo esto habitualmente ocurre previo a la quema de la vasija en hornos abiertos; un proceso muy bien cuidado con el objetivo de evitar decoloraciones por oxidación. En algunos ejemplares, el engobe y la pintura se añaden posterior al horneado. 

Entre este enorme grupo de vasijas hay una considerable variación en los distintos usos. Aquí encontramos pequeñas ollas de aproximadamente el mismo volumen, unos con efigies, y otros con pequeñas caras en el cuello del recipiente. Los primeros de efigies tienen asas de banda y vertederas con o sin soporte. Los otros tienen dos asas redondas, y no tres como es normal en muchas ollas. Estos están montados hacia un solo lado del recipiente.

Las figuras pintadas o modeladas como estas son típicas de la Huasteca y se encuentran especialmente en la región del Golfo, del área donde esta cultura tiene más presencia. La pintura negra aparenta ser corporal o en algunos casos tatuajes o inclusive escarificaciones.

Las efigies son zoomorfas y antropomorfas, y en algunas instancias combinadas. La mayoría tienen una medida de 20 a 25 centímetros, o un poco más, de alto. Están caracterizadas por tener vertederas tanto con soporte como sin soporte. Es muy posible que estas vasijas hagan un ruido al vaciar el líquido.

Las figuras antropomorfas frecuentemente son representaciones de mujeres con rasgos deformes y posiblemente de enanos. Es probable que estén asociadas con la diosa de la tierra, la diosa del pulque, y el dios de la lluvia o del viento, deidades muy transcendentales en la Huasteca. Los símbolos zoomorfos de las vasijas seguramente representan animales asociados con eventos mitológicos en el cual, casi todos tenían un rol específico.

Asociado también en esta misma clase de vasija, hay pequeñas ollas a veces con fondo convexo y a veces redondas. Estas fueron amarradas a algo más grande para darles estabilidad. Frecuentemente tienen la misma iconografía que está representada en las vasijas con forma humana, de animal o mixto.

En la cosmología mesoamericana, los animales nocturnos eran asociados con poderosos “dioses del inframundo”, también llamados los “dioses de la noche”. Éstos son partes de la mitología y leyendas de sus origines culturales, donde no siempre estaban los mismos animales en todas partes de Mesoamérica.

En la Costa del Golfo, la lista de estos animales incluye: mapache, tejón, grisón, comadreja, coati, y especialmente el tlacuache (blanco). Todos podían ser representados en diversas manifestaciones. Los tlacuaches eran importantes en toda la zona costera, siendo interpretados con aspectos divinos, de sabiduría, y de poder engañar, tanto como poder ayudar al hombre.

Por otra parte, en la Huasteca el pulque fue un gran culto, con mucha profundidad de tiempo y amplia difusión geográfica. A diferencia de muchas partes de Mesoamérica, no hubo un dios del pulque sino una diosa. Esto pudo haber sido un formato de mucha antigüedad en esta parte de la Costa del Golfo. De hecho, las diosas fueron importantes y comunes a través de la cronología cultural de la Huasteca.

Existe la posibilidad que la forma humana con cara zoomórfica en estas ollas sea un avatar de la diosa del pulque o un sujeto divino de la misma y que su presencia fue consistente con un evento mitológico del origen o manejo del pulque.

En algunas tradiciones mesoamericanas, el tlacuache roba el fuego de un grupo de dioses para dárselo a otro que lo necesita, los humanos. Tal vez en este caso el tlacuache, en forma femenina, robó el pulque para la diosa y los huastecos. O alternativamente, la diosa tomó la forma de una tlacuache, o de otro animal nocturno, para conseguir por engaño el pulque al cuidado de otros dioses en la oscuridad del inframundo.

La pieza que aquí nos ocupa es una olla zoomorfa, seguramente de un ave, ubicada en el cuello cerca de la boca. Tiene dos asa para amarrarse. Estos tienen una banda ancha de pintura roja encima. El cuerpo del recipiente es redondo, y va reduciéndose hasta llegar al fondo del mismo. No se puede sentar de forma recta, sólo inclinada o suspendida por las asas.

La imagen está hecha con filetes de barro rojizo, puesto sobre la superficie y alineado como al centro del espacio entre las asas más abajo en el hombro de la vasija. Las cejas son continuas y marcan los límites de la cara y orejas. Los ojos son redondos con perforaciones cónicas en el centro. La nariz y el pico son los rasgos más altos.

El ave, representada rústicamente, tiene un pico muy ancho en su base. Factiblemente la imagen representa un ave nocturna llamada comúnmente “tapacaminos” (Nyctidromus albicollis). Vuela a cortas distancias, tiene un fuerte llamado y sus ojos rojos-amarillos brillan intensamente cuando reflejan luz. Estaba asociado en la antigüedad con el dios de la lluvia.

Según leyendas, estas aves originalmente tuvieron picos pequeños y fueron puestos a cuidar los jardines del dios en el inframundo para prevenir posibles robos. Fracasaron en esta tarea y muy enojado el dios les castigó. Les cortó sus mejillas con un cuchillo, dejando una muy ancha boca y pico como lo tienen hoy en día.

La pasta de la olla es anaranjada por haber sido sobrecocido o por ser dejado en el fuego por mucho tiempo. El desgrasante parece ser hecho de cuarzo angular y pedazos de felpar de tamaño variado. Este acabado es más burdo que los presentes en otras vasijas del tipo negro-sobre-blanco en el lote. Asimismo, la superficie no es tan fina o plana antes de adornar. Sin embargo, el engobe y la pintura roja fueron colocadas casi en forma minimalista. Hay momentos en esta tradición donde la pintura negra-sobre-crema o blanco va graduándose al rojo sobre crema o blanco. Especialmente al final del periodo Posclásico (1200-1520 d.C.).

La olla tiene una forma redonda e intencionalmente no fue hecha para sostenerse de pie. Tenía que ser amarrada y colgada, y probablemente así cumplía una función ritual. Presenta una decoración de líneas en forma de “V” con pintura roja, entre las asas y el cuello. La vasija parece haber tenido un baño de barro color crema o blanco en la superficie, anterior a la pintura roja.

Seguramente está asociada con el culto del pulque. Tal vez el ave representada indica que el contenido de la olla estaba al cuidado del dios de la lluvia y sus ayudantes.

Los recipientes de barro blanco, beige o crema con pintura negra, roja o café normalmente son llamados simplemente de tipo “negro-sobre-blanco”. Son particularmente típicos de la Huasteca en el periodo Posclásico (900-1520 d.C.), especialmente en sus últimos tres siglos. Se encuentran en casi toda la extensión de influencia huasteca.

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