Vasija antropomorfa | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Cultura Tumbas de tiro
Estilo Elefantino
Región Jalisco
Período Preclásico tardío-Clásico temprano
Año 300 a.C.-600 d.C.
Técnica

Barro modelado con pastillaje

Medidas 22.3   x 22  x 16.5  cm
Ubicación Sala 3. Cuerpos, rostros, personas
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 888
Investigador

Descripción

Mientras se desarrollaban las tradiciones regionales teotihuacana, zapoteca o maya, con estilos bastante uniformes que se extendían sobre las zonas influidas por la acción comercial y militar de estados como Teotihuacán, Monte Albán o Tikal, en el Occidente de Mesoamérica proliferó una tradición totalmente distinta. Suele llamársele “tradición de las tumbas de tiro” porque la práctica totalidad de los objetos que la representan son vasijas para ofrendas, figuras acompañantes y algunos otros artefactos de carácter funerario que fueron hallados en la profundidad de las tumbas excavadas en el tepetate características del Occidente.

El arte cerámico del Occidente es vital, expresivo, imaginativo, lúdico, a veces desmesurado. Juega con la forma humana, con los rasgos faciales, con las posturas. Generalmente los ceramistas del Occidente hicieron figuras huecas. Nunca son de molde, todo está detenidamente modelado a mano. Estas características describen a la mayoría de las obras de la tradición de las tumbas de tiro, y sin embargo no se trata de una tradición homogénea, en cada localidad, en cada asentamiento, se cultivó una variedad estilística. Una de esas variedades ha sido descrita con el término “elefantino”. Basta con mirar esta pieza para comprender la idoneidad del término, no tanto porque las figuras parezcan elefantes sino porque reproducen cuerpos que parecerían estar afectados de elefantiasis, por la descomunal manera en que las extremidades inferiores se hinchan.

El tipo de formas logradas por los artesanos del Occidente recuerda bastante esa fase experimental de la cerámica mesoamericana que asociamos con Tlatilco. Y también en Tlatilco encontramos, por cierto, la asimilación de dos conceptos distintos: la escultura en cerámica y la vasija. La forma humana se adapta para funcionar como recipiente. En este caso el arco de las piernas da lugar a un diseño comparable con el de las vasijas llamadas “de estribo”.

Para comprender el sentido de las vasijas efigie en general y especialmente las del Occidente de México, puede ser útil recordar que para los pueblos mesoamericanos las almas o fuerzas sagradas que daban vida a los hombres y al resto de los seres vivos circulaban por los cuerpos de las criaturas vivas y se disipaban tras la muerte, pero podían ser contenidas, por ejemplo cuando se colocaba una cuenta de jade en la boca a de un difunto. Las vasijas efigie podrían ser recipientes provisionales para el alma del difunto. Aunque también se ha argumentado que recibían líquidos entregados al difunto para su viaje.

Mientras se desarrollaban las tradiciones regionales teotihuacana, zapoteca o maya, con estilos bastante uniformes que se extendían sobre las zonas influidas por la acción comercial y militar de estados como Teotihuacán, Monte Albán o Tikal, en el Occidente de Mesoamérica proliferó una tradición totalmente distinta. Suele llamársele “tradición de las tumbas de tiro” porque la práctica totalidad de los objetos que la representan son vasijas para ofrendas, figuras acompañantes y algunos otros artefactos de carácter funerario que fueron hallados en la profundidad de las tumbas excavadas en el tepetate características del Occidente.

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