Rostros con decoración facial con chapopote | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Rostros con decoración facial con chapopote | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Rostros con decoración facial con chapopote

Cultura Centro de Veracruz
Región Costa del Golfo
Período Clásico
Año 300-900 d.C
Técnica

Barro moldeado

Medidas 15.6   x 11.5  x 7.2  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 34
Investigador

Descripción

El chapopote brota de manera natural en los yacimientos localizados en la planicie costera del Golfo de México o en mar adentro; es el remanente de ciertos aceites crudos posterior a la eliminación de sus componentes volátiles. Dicho en otras palabras, es un betún, bitumen o asfalto que corresponde al petróleo crudo que por un largo tiempo ha estado expuesto al aire y a otros elementos del entorno. Se caracteriza por ser una sustancia viscosa, negra, olorosa, inflamable y que brota de la tierra por lo que a nivel ideológico está asociado con el agua (por lo menos para la sociedad olmeca), y con el chamanismo (para periodos más tardíos) (Aguilera, 1980; Wendt, 2007).

En el área olmeca donde esta sustancia fue muy utilizada durante el Preclásico, los yacimientos se concentran hacia el este en las partes bajas, donde además se localizan los asentamientos prehispánicos de San Lorenzo y La Venta. Aquí el chapopote era obtenido directamente de los yacimientos, de la superficie de los ríos y los estanques, o como nódulos que eran arrastrados desde el mar hasta las playas (Wendt, 2007).

La evidencia material para Veracruz, específicamente en las figurillas, que indican el uso del chapopote se fecha desde el Preclásico hasta el Posclásico, ya sea cubriendo zonas específicas de estas representaciones de barro o partes más amplias, con la finalidad de resaltar ciertos rasgos físicos y transmitir algún mensaje (Aguilera, 1980). Entre los múltiples usos que tuvo esta sustancia en época prehispánica se encuentran el de sellar acueductos y embarcaciones, como material de construcción, impermeabilizante, pegamento y como adorno corporal (Wendt, 2007).

Las dos figurillas aquí mostradas comparten el uso de chapopote como decoración facial, tanto en los labios, como indicando las pupilas de los ojos. Una de las representaciones (fig. 34) tiene además restos de chapopote en las mejillas; sobre su frente caen unos mechones de cabellos sujetados por una banda de elementos alargados (probablemente manufacturados en jadeíta o algún otro material de gran valor) puestos de manera horizontal mediante la técnica del pastillaje. Su cara es triangular y presenta deformación craneana. Su cuello está fragmentado, posiblemente continuaba y presentaba el cuerpo completo. La figurilla es hueca.

El otro rostro (fig. 36) presenta deformación craneana, porta un tocado que está rematado por una banda cubierta de chapopote y compuesta por líneas incisas verticales. La figurilla es hueca y lleva una gran orejera circular.

El chapopote brota de manera natural en los yacimientos localizados en la planicie costera del Golfo de México o en mar adentro; es el remanente de ciertos aceites crudos posterior a la eliminación de sus componentes volátiles. Dicho en otras palabras, es un betún, bitumen o asfalto que corresponde al petróleo crudo que por un largo tiempo ha estado expuesto al aire y a otros elementos del entorno. Se caracteriza por ser una sustancia viscosa, negra, olorosa, inflamable y que brota de la tierra por lo que a nivel ideológico está asociado con el agua (por lo menos para la sociedad olmeca), y con el chamanismo (para periodos más tardíos) (Aguilera, 1980; Wendt, 2007).

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