Sahumador con mango curvo y charola | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Sahumador con mango curvo y charola | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Sahumador con mango curvo y charola | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Sahumador con mango curvo y charola | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Sahumador con mango curvo y charola

Cultura Tlatilco
Estilo Tradiciones contemporáneas al estilo Olmeca
Región Tlatilco, Valle de México
Período Preclásico medio
Año 1000-500 a.C.
Técnica

Barro modelado

Medidas 5.5   x 13.2  x 27.3  cm
Ubicación Sala 2. El mundo religioso
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 789
Investigador

Descripción

Entre los objetos ceremoniales prehispánicos que se encuentran con más frecuencia están los sahumadores. Se trata de braseros destinados a la producción de humo aromático. En la tradición mesoamericana encontramos dos tipos de braseros ceremoniales, los fijos, de grandes dimensiones, que estaban pensados para colocarse sobre templos y altares y en ocasiones estaban pegados con mezcla de argamasa a las mismas estructuras y los móviles o manuales, a los cuales llamamos sahumadores porque se utilizaban para arrojar o dirigir el humo hacia imágenes y objetos sagrados.

La abundancia de braseros entre los vestigios de la antigüedad prehispánica se explica por el lugar central que el acto de producir humo tenía en el ritual. En la religión mesoamericana se presentaban obsequios a los dioses continuamente, ésta era la manera en que los hombres contribuían a que los ciclos vitales no se interrumpieran. En sentido bastante estricto, lo que hacían era alimentar a los dioses. Las ofrendas más importantes consistían en el humo aromático del copal, el humo de la sangre sacrificial quemada y la fragancia de las flores. Es decir que para consumarse la ofrenda del copal y de la sangre era preciso quemar ambas sustancias y era su humo, volátil, el que podía ser asimilado por los dioses, que también se alimentaban con la fragancia de las flores.

La ofrenda de humo aromático se efectuaba en los templos y en todos los recintos de reunión y oración del sacerdocio, también la realizaban nobles y guerreros en determinadas ceremonias. Además, cada familia realizaba una ofrenda de humo aromático al salir el sol. Al menos entre los nahuas, era costumbre que fuesen las mujeres quienes avivaban el fuego y rociaban sobre las brasas el copal u ocasionalmente, alguna otra hierba aromática.

Generalmente los sahumadores tenían un mango que permitía a la persona sujetarlo sin quemarse y realizar movimientos con el brazo para dirigir y aproximar el humo hacia un “ídolo” (una imagen activada con un bulto sagrado y algunas piedras). Este tipo de sahumadores de brazo largo se utilizaron también para proteger y recibir con reverencia a las visitas distinguidas y embajadas que llegaban a alguna ciudad. A menudo vemos en los códices a personajes que extienden este tipo de sahumadores mientras arrojan en ellos el polvo de copal. La forma del receptáculo para las brasas variaba, desde un plato extendido hasta una especie de cuenco o cazuela como ésta.

La forma curva, algo caprichosa, del mango, coincide con la tendencia fuertemente experimental e imaginativa que afectó en su totalidad al arte cerámico de Cuicuilco, incluso en sus objetos utilitarios.

Entre los objetos ceremoniales prehispánicos que se encuentran con más frecuencia están los sahumadores. Se trata de braseros destinados a la producción de humo aromático. En la tradición mesoamericana encontramos dos tipos de braseros ceremoniales, los fijos, de grandes dimensiones, que estaban pensados para colocarse sobre templos y altares y en ocasiones estaban pegados con mezcla de argamasa a las mismas estructuras y los móviles o manuales, a los cuales llamamos sahumadores porque se utilizaban para arrojar o dirigir el humo hacia imágenes y objetos sagrados.

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