Diversidad geográfica y cultural
Irán posee un paisaje natural heterogéneo: una gran meseta central que alberga a uno de los desiertos más áridos del mundo, costas en el mar Caspio y el golfo Pérsico, altos picos nevados en los montes Elburz y fértiles valles al pie de la cordillera de los Zagros.
Esta geografía fue el hogar de pueblos con estilos culturales particulares que, no obstante sus diferencias, compartieron elementos que sugieren una unidad motivada por los intercambios. Las ciudades en las faldas de los montes Zagros se relacionaron de manera antagónica con los centros urbanos de la baja Mesopotamia. Los asentamientos ubicados a lo largo de las costas del mar Caspio y de los montes Elburz estuvieron en contacto con grupos arios del Cáucaso. Asimismo, los pobladores de los límites de los desiertos mantuvieron acercamientos con los habitantes del resto del territorio gracias a las rutas comerciales que, desde el segundo milenio antes de nuestra era, enlazaron a Oriente medio con Afganistán, India y China.
Esta diversidad ha sido una constante en la historia de Irán, que hoy se refleja en la variedad étnica del país.