El Islam
En 637 d.C. los ejércitos árabes ocuparon Ctesifonte, la capital persa sasánida. Fue el principio del fin, pues cinco años después el imperio sucumbiría en su totalidad.
Los conquistadores musulmanes no sólo buscaron expandir su territorio, sino implantar su fe, el Islam. Cansada de la estratificación social, la población sasánida acogió las nuevas ideas religiosas, que no hacían distinciones de raza ni estatus. La creencia en un sólo dios no fue un principio ajeno a los persas, que habían practicado el mazdeísmo durante siglos.
Por su parte, los musulmanes fueron tolerantes con el antiguo culto y adoptaron de los sasánidas el sistema monetario y elementos arquitectónicos con los que levantaron impresionantes mezquitas, bazares y jardines, más tarde exportados al mundo musulmán con la colaboración de científicos, filósofos y administradores persas.
Si bien la población se convirtió al Islam, adoptó una particularidad: el Chiísmo. Asimismo, resistió la introducción cultural y política árabe, al conservar su lengua, sus festividades y desconocer a los califas desde la primera revuelta encabezada por Abu Muslim, en 754 d.C.